jueves, 22 agosto, 2019 | 1:55
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Valeria Lynch: “Soy una rockera de alma”


Entrevista. La cantante de “Como una loba” A punto de cumplir los 60 y antes de sus cuatro Gran Rex, hace un balance de su carrera, que fue del rock a la balada. Su postura sobre “Cantando por un sueño”.

Vos sabés que Arturo Sandoval cantó en mi show? Había grabado con él el tango Nada, lo invité y vino. ¡No lo podía creer! En un confortable rincón de una de sus escuelas de comedia musical, Valeria Lynch cuenta su cruce son el trompetista cubano con entusiasmo de principiante.

“Siempre tengo la cabeza muy abierta y estoy dispuesta a hurgar por nuevos caminos. Creo que un artista no tiene límites. Que un artista puede desarrollar muchas cosas que cree que no puede lograrlas. Creo -insiste una vez más la cantante- que no hay imposibles.” Será que esa convicción le dio la energía necesaria para recorrer, desde muy chica, cuanto concurso hubiera por allí, en busca de “la oportunidad”. Primero en Radio Libertad, después, en el ciclo Canta el pueblo . Y de ahí, a los estudios de grabación en los que tanto le hacía coros a Oscar Cardozo Ocampo y a Jorge Calandrelli como al casi olvidado Sabú.

“Era música de sesión, grababa jingles, fui parte del elenco del musical Hair y cantaba rock. Andaba por los sótanos con el Flaco Spinetta, el Negro Fontova, Rubén Rada, en tiempos en los que el rock no tenía cabida en ningún lado. Y antes de que la Guerra de Malvinas convirtiera al género en una música aceptada por el poder, me pasé a la balada”, cuenta Valeria.

¿Por qué? Porque quería vivir de la música. Y con el rock me moría de hambre. Hoy todo suena mucho más pop, pero en ese momento, el rock iba por un camino muy distinto al de los otros géneros, y no me quería desviar. Hasta que lo conocí a Héctor Cavallero, que me convenció, y a regañadientes me pasé a la balada. Y tan mal no me fue. (Risas) ¿Resignaste mucho? Depende. Yo quería salir a la luz, y sentía que con el rock no iba a poder. Lo que resigné, más que nada, fue mi espíritu de juventud.

Suena duro.

Fue duro. Pero yo soy una rockera de alma. En mi espíritu sigue estando el rock. No soy una artista convencional de baladas. No lo soy. No lo digo por lo que canto, sino por la manera en que lo hago. Yo tengo garra, polenta, una cosa extra que me la dio el rock. En ese momento fue duro, pero no estoy arrepentida. La balada me dio de comer, me internacionalizó. A los 18 años, cuando empecé a hacer Hair , saqué a mis viejos de Villa Urquiza y los llevé al centro. Yo quería eso: progreso, crecimiento. No hablo de comprar muebles, sino poder darle un bie-nestar a mi familia, más que nada. Y eso me lo permitió mi carrera.

Una carrera en la que, como en las de varias colegas tuyas, Evita tuvo bastante que ver.

Sí. Es que, por un lado, es un personaje que, más allá de lo político, tiene una personalidad tan avasallante, tan arrolladora, que hace que todas las mujeres artistas querramos tener algo de Evita. Y por otro lado, después de estar un año y medio haciendo la obra, en México, cuando regresé al país, en 1982, lo hice cantando No llores por mí, Argentina en una revista que encabezaban Alberto Olmedo, Jorge Porcel y Moria Casán, en tiempos en los que no estaba muy bien visto nombrar a Eva o hablar de ella. Eso me dio un lugar de mayor exposición.

La breve temporada de la revista -interrumpida por la guerra- se complementó con el lanzamiento de Quiéreme , long play que había grabado en Los Angeles un año antes, que incluía Mentira , tema que le daría acceso libre al privilegiado podio de los artistas populares.

Desde entonces, la carrera musical de Valeria Lynch mantuvo su curso, al mismo tiempo que se le animó a la conducción en televisión, reincidió en la comedia musical y asumió, en 2006, el rol de jurado en Cantando por un sueño .

¿Hay posibilidad de que de un reality salga un artista sustentable? Mirá: hace pocos años escribí un musical que se llamó Pasión bohemia , sobre la vida de Tolouse Lautrec, que estrenamos en el Konex. Y, más allá de que los convoqué a Guillermo Fernández, Sandra Ballesteros, Sebastián Franchini y Omar Pini, el resto del elenco estaba formado por coachs y soñadores delCantado , unos cantantes de puta madre. Además, en una televisión en la que no hay lugar para los músicos, esos programas son los únicos espacios que tienen para mostrarse. De hecho, quería invitarlos al Rex, pero implicaba una exigencia de ensayos con la que no podía cumplir.

¿Qué cambia en tus shows, de año a año, además del nombre? Porque imagino que hay un núcleo de canciones que no podés evitar.

Seguro. Lo del nombre depende del momento. En este caso, Loba es una canción mía. Además, acabo de sacar un perfume que se llama igual, que lo vamos a tirar por los conductos de aire acondicionado.

No te creo.

Claro. Si todos lo hacen, sólo que yo lo digo. Al margen de eso, para este año tengo una iluminación fantástica, una puesta muy grossa, más un homenaje a España y otro a Italia, que abre un chico no vidente: Alejandro Brunengo. Ahí, voy de la lírica, pasando por el pop, hasta llegar a Mina, que para mí es la más grande, la cantante más importante de todos los tiempos.

¿El público se repite de año a año, o cambia también? Están los incondicionales, que me siguen desde el principio. Pero es emocionante ver cuando pregunto quién viene por primera vez a verme, se levanta el 60 por ciento den teatro, y son todos jóvenes.

Si hay un 60 nuevo es que hay un 60 que dejó de ir a verte… ¡Porque están viejos y no se pueden mover! (risas) Lo bueno es que los jóvenes suelen buscar la moda, y yo no lo soy. Eso es interesante.

Hablando de 60, ¿te genera algo especial estar a punto de cumplirlos? Puede ser. Pero, en realidad, yo me siento re bien. Y mis hijos me dicen que no puede ser que yo cumpla 60. Me parece que la edad es una estadística, un dato cronológico, pero cómo se sienta una es otra cosa. Hago gimnasia, hago de todo, pero no estoy pendiente todo el tiempo del cuerpo. Ya no soy una pendex . Cuando hice El beso de la Mujer Araña , entrenaba cuatro horas por día. Toda mi vida fue así. Pero ahora ya estoy más tranquila. Basta, ya está. A esta altura, qué me importa si tengo celulitis…

Fuente: Clarín

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