martes, 20 febrero, 2018 | 18:03
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Un guión del destino

Por Nicolás Prat

Ni el mas fanático hincha de River ni el mas acérrimo hincha de Boca ni siquiera el mas neutral de los neutrales podía imaginarse el 2011 atípico y hasta trágico (en términos futbolísticos) que esta viviendo el simpatizante millonario. La derrota con el ignoto Boca de Corrientes mas la yapa del campeonato de Boca volvió a colocar sal sobre la herida deportiva que significa jugar el descenso. El “¿otra vez?”, “¿porque a nosotros?”, “no lo puedo creer” retumbo de manera insistente y lastimosa en la mente y el corazón de cada socio y seguidor.

Ahora bien, ¿es solo designio de lo predestinado o hubo acciones internas que provocaron esta situación? Sin dudas que hubo orientación con cada Horror y error dirigencial. De todas formas ya resulta trillado sindicar los rostros visibles que fueron causales del mal. El hincha los reconoce y los recuerda ante alguna adversidad, adversidades  que por cierto últimamente  abusan de reiteración.

En el presente de River hay un elemento común reinante: hay ausencia de la razón y mucha presencia de soberbia en la comisión directiva. Se manejan los asuntos con autoritarismo y creencia de lo que se fue, subestimando al presente y obviando al futuro. No hay un planeamiento concreto de unificar criterios. Pasarella se reunió con ex candidatos a la presidencia solo para dibujar un contexto. No esta en su esencia. Sigue inmerso en su rol de Kaiser aquel de ser el enorme defensor que fue y agarrar la lanza. Hoy no es lo mismo, las instituciones se manejan con la razón en el escritorio y la pasión debajo de la alfombra cuando es necesario. Si su sistema propone unilateralidad es lógico que haya menos personas para razonar, escasos criterios para aunar. Se equivoca el y defecciona todo. No hay espacio al consenso y rige la intolerancia al disenso.

Que bajada de línea se puede ofrecer si en los peores momentos tu “capitán” no te acompaña, de visitante no se lo ve y de local se retira antes de tiempo frente a cualquier circunstancia. Es inentendible y menos en él que es un presidente “futbolero”  y se da por consabido que en su diccionario figuran estas acciones para respaldar un ciclo. Tambien es difícil de digerir que Pasarella y su CD levanten  la bandera del “campeonato económico” cuando el deportivo flaquea.

Se designó como entrenador a un verdadero ídolo del club como Almeyda. El pelado esta haciendo sus primeras  armas como técnico en un momento candente y se debate entre aciertos y yerros. El caso Roman es un claro ejemplo de error. El partido para intentar recuperarlo futbolísticamente era de visitante con otro público, no en la vuelta al Monumental con el ojo del hincha multiplicado a un nivel mayor. Matías resolvió como compañero y no como conductor. Entre sus aciertos está la inclusión de Lucas Ocampos, haberle dado una intención de juego al equipo aunque a veces los pasajes de cada encuentro hacen difusa esta idea. Es autocritico y es un buen inicio. Su margen de error es amplio por el tipo de tipo de torneo que es la B nacional pero puede deteriorarse por los resultados en contra. Mas allá de todo hay que realzar su actitud, pensó en como levantar la historia en el peor marco.

No se si era el momento para dejarse llevar por la emoción. Tal vez no. Lo cierto es que la comisión directiva a un nivel de sordera increíble maneja su barco sin hacer lecturas de lo no aconsejable. No debe haber fundamentalismos absurdos. La razón es River, el enfermo que hoy se retuerce en la cama pidiendo ayuda y viendo como los demás deciden equivocadamente  por el ES RIVER.

Yendo a lo específicamente táctico el equipo ganó en nombres, a diferencia del descendido. Juega con mucho vértigo y dinámica. Le falta mas pausa y en ocasiones, los rivales lo agarran con mucho  campo para explotar por achicar mal los espacios hacia adelante. Cirigliano es un proyecto de gran volante central, incluso ya es presente pero debe concientizarse que no es un pecado formar un triangulo con los centrales a la hora de defender. Es saludable la postura de encarar la competencia con chicos como Ocampos o Chichizola (de grave error el sábado pasado) pero hay que estar lucido para respaldarlos cuando estén en su meseta lógica o sustituirlos sin “quemarlos”. El plantel claramente ofrece respuestas en los iniciales pero muchos interrogantes en los posibles relevos. Ninguno de los habituales suplentes que Almeyda echo mano cambio la ecuación de un partido. Entonces si no hay pausa y falta más gol, hay que invertir en ello. Hay superávit, no hay excusas.

Es imposible pensar que el destino no estuvo guionado si reparamos en antecedentes: Descender con Belgrano, después de que Olimpo y All Boys sacaron más puntos que cualquier equipo ascendido normalmente reúne. Clasificar a la sudamericana y perder ese derecho por bajar de categoría. Permanentes errores en momentos decisivos como la mano de Roman o los goles que se hizo Carrrizo. Los penales que ignoró pezzota a favor de River en la promoción y el que no le otorgó a Romeo en Quilmes-Olimpo. La pelea “quijotesca” de Pasarella con Grondona en un momento de poca inteligencia. Elegir a un técnico como Jota Jota López que descendió con tres equipos, priorizando darle una revancha con el público por haber jugado en Boca sin pensar si era el idóneo para el cargo. Traer a un “lirico” del futbol como Cappa con la urgencia latente de priorizar resultados y no estilos. Perder los partidos en el Nacional B que se perdieron: contra Aldosivi, Atlético Tucumán  y Boca Unidos, este último en un contexto poco feliz con la consagración del archirrival Boca Juniors. Muchos encuentros de Jugar mejor que el contrario y perder, jugar peor y perder, hacer poco y nunca ganar sin merecerlo

Hay carencias de azar en esta historia, seria necio no atribuir un porcentaje mínimo a lo irracional pero es todo tan cierto como los gruesos errores que se dieron y ayudaron a redactar capítulos de este argumento de Terror que atormenta el animo del hincha.

RIVER DEBE VOLVER A SER RIVER, primero debe ascender con el sufrimiento a cuestas y a partir de allí intentar dar con la tecla. Sino es el presidente por tozudez el resto debe empujar. La oposición se debe fortalecer. El hincha genuino seguirá acompañando y reventando estadios. No hay que tocarse el pecho por esta “revolución”, debe tomarse como algo complementario que ayuda y empuja pero lo que define los procesos es la conducción y el club la debe y merece tener para lograr resultados. Hay que exigir una Política mas allá de si Sánchez o Cavenaghi aciertan una maniobra. No se banca más la sensación de la “vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.

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