sábado, 18 noviembre, 2017 | 5:06
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Sinfonía de la disolución

Aún falta la desmesura de tres años.

Intoxicaciones

Introducción

Confabulación de conflictos simultáneos.
La intoxicación judicial del 7-D, con final abierto, más la vorágine emocionante de Griesa y Los Buitreros, brindan, al poder cristinista, el complemento dramático. La sinfonía de la disolución.

Sorprende -para Oximoron- la infatigable capacidad para concentrar enemigos.
Para construir frentes adversos, y perder en la totalidad de las batallas que se encaran. O empatar. O dilatar.
Salir generalmente mal parada, pero con soberbia, de algunos laberintos.

Justamente cuando nadie -que no sea un marginal- tiene el menor deseo de desalojarla.
Sobre todo cuando circulan posibles intentos de recuperación de la credibilidad pulverizada (al cierre del despacho ni siquiera se atreven a presentárselos).
Incluyen cambios, por lo menos, de cinco ministros sustanciales. Y del Premier, devaluado aquí como Jefe de Gabinete.
A los efectos de colocarse al frente de un gobierno tonificado que le permita, al menos, imaginar venturosamente los próximos tres años.
Con alguna dignidad. Despojado de los vaticinios sombríos que proliferan por las calles. Y se apoderan, inconfesablemente, del pensamiento de algunos colaboradores.
De los funcionarios que suelen quejarse en la confidencia. No llegan.
Todo está para el demonio y nadie puede hablar con ella. De nada.

Sólo se la debe obedecer y aplaudir.
A nadie le hará el menor caso y -concluye el Informe- nunca reclamará renuncias.
Nuestra César mantiene la certeza de disponer de la razón de su parte.
Para lograr sus objetivos entonces no debe conceder. Sí encarar, como acostumbra, de frente. Hasta el borde exacto del triunfo. O del abismo.
Y saltar, si viene al caso.

Osiris Alonso D’Amomio
Director Consultora Oximoron

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Sinfonía de la disolución“Cuesta imaginar tres años más de Cristina”, confirma la Garganta.
“¿Tres años más? Es la posteridad”, confirma otra.

Se lo puede tomar bien o mal. Lo que no se puede es tomarlo en serio a Julio De Vido, cuando pregona la necesaria re reelección de Nuestra César.
“Vaya caprichito”, para parafrasear a Gabriel Mariotto, El Calabró de Llavallol.

La indispensable continuidad, que propone De Vido, no se traba sólo por cuestiones constitucionales.
No son los reglamentos. Diría Bill Clinton: “Es la política” (aquí es preferible prescindir del calificativo).

“A este ritmo -sigue la Garganta sofocada- un año más de Cristina es inimaginable”.

El cristinismo se disuelve

No se registró ninguna sustitución de “El trípode desaparecido de poder”, cliquear. Supo armarlo El Furia.
La sucesora, Nuestra César, el pilar del Estado, conquistó la hazaña de enemistarse con los otros dos pilares. Lo que menos querían era distanciarse.
Sinfonía de la disoluciónHéctor Magnetto, o sea el Grupo Clarín, El Beto, representaba el pilar de la comunicación. Y Hugo Moyano, El Charol, era el pilar del trabajo. O su respectiva paralización.
El control asegurado de la calle. La compartía con las organizaciones sociales y los trajinantes de la izquierda. Sectores que sacan. Sin poner.

Lo llamativo es que ambos, Magnetto y Moyano, hasta el último momento, según nuestras fuentes, quisieron arreglar con Nuestra César. Casi rendirse. Para seguir cerca.
Asociados, en la práctica, para la consagración narrativa del modelo.
Se los percibía cómodos, en el mismo trípode que compartieron, sobre todo en el primer tramo, con Néstor.
De ningún modo decirlo significa revalorar a El Furia. Es una tarea, acaso, reservada para la tergiversación de la filmografía.
Para los militantes que se aferran, aún, al marco posible de la Revolución Imaginaria.

La apelada legitimidad

Es demasiado obvio ampararse en la legitimidad del 54%, registrado un año atrás. Es, aparte, apelable.
Para Consultora Oximoron, aquel guarismo se redujo, al menos, en 20 puntos.
La pobre desciende hasta en el principal bastión geográfico, el conurbano bonaerense.

Sinfonía de la disoluciónSumergida, disuelta, la sinfonía de Nuestra César, en la dinámica inagotablemente acumulativa del error.
En la profundización de los “desastres seriales del gobierno trivial”.
Entre los papelones que aportan tensiones literarias a la desesperación del presente.

Se teme, precisamente, por la estabilidad. Cuando falta la desmesura de tres años.
El penúltimo sondeo confiable, que maneja Oximoron, no procede del Frente Encuestológico de la Victoria.
Certifica, para Nuestra César, un techo de 32 puntos. Base, en apariencia, inamovible.
Nada desdeñable para intentar la Tercera Recuperación.

A Nuestra César hoy la sostienen los exponentes beneficiados del frepasismo tardío. Una colección de funcionarios que se representan a sí mismos.
Supieron vender, en el mejor sentido, el producto que cautiva. El relativo progresismo que invocan.

La mercadería sedujo, en principio, a los radicales devaluados de la Alianza. Pero también después a los peronistas, que se abnegaron para suceder a los radicales. Con los progresistas que venían adentro. En el combo.
Sin embargo los próceres equilibristas del Frente Grande, que llegaron con el combo, permanecieron. Sin territorio, pero con eficaz estrategia de subsistencia.
Los seductores resultaron repentinamente seducidos por el giro inesperado hacia la izquierda. De Néstor, el pragmático.
A cambio del apoyo entusiasta, El Furia les dio puestos de trabajo. Humanitarismo en toneladas. Discurso. Y sobre todo les dio presos.
Los reivindicó con la entrega de un par de retratos. Nadie iba -total- a defenderlos.

Sinfonía de la disoluciónAnte la complacencia culposa de los caudillos peronistas a la carta. Se apaciguaron espiritualmente con los Kirchner porque les permitían, ante todo, ganar elecciones. Y ser perfectamente morraleros. A través de la generosidad del cemento que, durante los primeros años del kirchnerismo, los hizo quedar, incluso, como administradores eficientes. Buenos gestores. Con obras.
“En 2013 vuelve el cemento”, confirma la Garganta. “Se volcará dinero en las intendencias. Canilla libre”.
Los mini-gobernadores del conurbano, mientras se interconectan, y manifiestan desconfianzas, en el fondo se entusiasman.
La sinfonía puede continuar. Otro año más. Después se verá. Faltan tres.

Para ser francos, son los marginales sueltos del peronismo los que permanecen al lado, aferrados a Nuestra César.
Con la mayoritaria certeza de pasar a la disidencia, en cuanto pierdan el puesto.

Cuando entregan el celular, y se quedan sin el auto y el chofer, los peronistas pasan, invariablemente, a la oposición.

Pudoroso el descaro

Los peronistas con territorio, como algunos radicales recuperados (y también con territorio), con la sensibilidad del olfato y encuestas en la mano, comienzan -evalúa Oximoron- a tomar distancia.
A hacerse ver menos, por las dudas. Es pudoroso el descaro.

Mientras tanto dos gobernadores -dos samuráis-, se animan a plantear las ambiciones presidenciales. Impertinencias sucesorias.
Como Daniel Scioli, el líder de La Línea Aire y Sol, y José De la Sota, El Cordobés Profesional.
Pero también está Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero, que hoy mide sigilosamente sus pasos. Con el proyecto, bastante contenido, de lanzarse, desde Salta, hacia la esfera nacional. Como número uno para arreglar, en todo caso, como número dos. En entendimiento tácito, según vertientes, con Sergio Massa, La Rata del Tigre.
Es Massa el otro discípulo aventajado de la señora Graciela Camaño.

Un par de gobernadores, en cambio, prefieren sobreactuar las muestras de fidelidad. Hacia Nuestra César, por convicción ideológica.
Pero también porque mantienen el confesable propósito de continuarla.

Es el caso de Sergio Uribarri, de Entre Ríos. Identificado por ser el padre del marcador de punta de Colón.
Uribarri ya mantenía expectativas de acompañarla en la fórmula de 2011.
El Padre del Marcador de Punta hubiera desempeñado un papel infinitamente más digno que el grotesco de Amado Boudou, El Descuidista.
Sinfonía de la disoluciónPor su desprolija adicción a las monedas, Boudou se destacó como uno de los principales motivos del deterioro de Nuestra César. Ella es la responsable exclusiva del error de haberlo designado como navegante.
De los 22 puntos que se disolvieron en la sinfonía, a El Descuidista se le pueden facturar no menos de 5. O 6.

Circula, al respecto, una encuesta infame que le acercaron, según nuestras fuentes, a Nuestra César.
Indica que, si se decide de una vez a soltarle la mano a Boudou, si lo deja caer, recupera 7 puntos.
Si lo mantiene, como se obstina, con el berretín de blanquearlo, ambos pueden caer de la manito. Hacia el vacío. Juntos.

Aparte de Uribarri, sobreactúan la lealtad otros gobernadores que conservan alguna ambición sucesoria.
José Luis Gioja, El Huevón, de San Juan, un peronista ontológico, inapelable. Y Jorge Capitanich, el gobernador valorable del Chaco. Un erudito que suele caracterizarse por la excelencia en la organización de los espectáculos deportivos.

Por Carolina Mantegari
Redacción Final Informe Oximoron.

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