viernes, 19 octubre, 2018 | 10:34
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Richard Coleman: el reposo solista de un guerrero


El guitarrista que fundó Los 7 Delfines y fue por mucho tiempo el cuarto Soda Stereo presenta “Siberia country club”, su primer disco en soledad. Habló del proyecto, de su necesidad de sonar “menos prepotente” y de su defensa del álbum como concepto.

Se tomó su tiempo Richard Coleman para rubricar su nombre, su nombre en soledad, en un disco. Más de 30 años, si se cuenta todo el tiempo que el guitarrista estuvo “en banda”. Primero con SIAM, al despuntar los 80, luego con Metrópoli y Fricción, más tarde como el cuarto Soda Stereo y por último con Los 7 Delfines.

Mañana, el demorado debut solista de uno de los guitar heroautóctonos más respetados, Siberia Country Club, tendrá presentación de gala en Niceto Club (Niceto vega 5510, a las 21). Antes del show, Coleman habló con Clarín.com sobre la génesis del proyecto, su defensa del disco como concepto y de la guitarra como voz personal …y de cómo analizar un disco de Jethro Tull puede ser el embrión de un proyecto solista.

En la preparación de Siberia Country Club hubo una autoimposición: componer un tema por semana durante cuatro meses, con lo que haya. ¿Por qué esa presión, ese régimen casi espartano para armar el disco?

Fue un poco la necesidad de tener un método. Siempre busco inventar alguna estructura, un proceso que lleve a ordenarme. No creo un 100 por ciento en la inspiración, en quedarme sentado esperando que baje la musa. Hay que estar listo para cuando llegue. De alguna manera, al proponerme una agenda, lo que estoy haciendo es estar preparándome, o leyendo, o armando alguna situación musical. Y creo que funcionó darle un tiempo, un espacio a la intimidad. Crear un espacio propio y si tiene que suceder algo, que suceda ahí y no en cualquier otro lado.

¿Qué hizo “click” para darle forma a un disco solista después de tantos años de trabajar en diferentes bandas?

En 2009 ya habían pasado unos meses de la salida de Carnaval de fantasmas (el último disco de Los 7 Delfines). La salida se hizo muy larga por distintas circunstancias, no encontrábamos el tiempo para hacer la mezcla. Ya estaba terminado de producir en diciembre de 2007 y había que terminar de trabajar las mezclas, y por “x” razón no se pudo hacer hasta agosto. Una amansadora. Y no tuve un momento de pensar en un nuevo proyecto. Sabíamos que en 2009 íbamos a presentarlo, me relajé y me di cuenta de que tenía ganas de experimentar otras músicas. Es una necesidad un poco orgánica, del cuerpo, de ponerse a manipular la situación de composición.

¿Y por dónde fue la exploración?

Y, por ejemplo, empecé a analizar música de Jethro Tull, como iniciativa personal, para mi propio crecimiento. Es una banda que siempre me gustó de pendejo, pero nunca me detuve a ver cómo están compuestos los temas, qué escalas están usando y demás. Y pensé: “Esto tiene alguna idea, está bueno”. Después lo dejé, agarré otra cosa. Y en un momento ya tenía un par de canciones dando vueltas. Esto fue en marzo de 2009 y ahí me di cuenta de que podía llegar a avanzar. Ahí vi que podía llamarlo a Tweety (González, productor del disco) y decirle “Me parece que este es el año”.

Revisando la lista de invitados, hay un dato que llama la atención: Gustavo Cerati, Ulises Butrón, Gonzalo Córdoba. ¿Por qué un guitarrista elabora su primer disco solista y llama a…¡más guitarristas!?

La guitarra es un instrumento que yo adoro y suena distinta dependiendo de quién la toque. Para que sea un disco rico en sonidos de guitarra me pareció que estaba bueno mecharlo con diferentes guitarristas que le agregasen ese color, ese toque. No era la idea llamar a amigos, si no hubiera sido una fiesta de cumpleaños, pero…Ulises es el primer guitarrista con el que laburé en mi temprana juventud. Gustavo es un amigo de toda la vida. Y Gonzalo es el último que conocí. Entonces se me armaba una cosa linda. Hay muchas partes en las que estamos tocando todos lo mismo…pero suena como si fuera un ejército.

Coleman dialogando con otros guitarristas…

O diciendo lo mismo los tres…eso que pasa con los diálogos muchas veces.

¿Se puede hablar de un disco clasicista? Un disco de rock con guitarras compacto. ¿Richard Coleman enarbola la bandera de clasicismo en el rock?

No creo. Hay una bandera que sí enarbolo, esa puede ser una consecuencia, no lo descarto, que es la necesidad de buenas canciones, bien ejecutadas, con buen sonido. Y que un disco sea una obra completa. Me esfuerzo mucho en hacer discos que se puedan escuchar de punta a punta, que no sean simplemente un rejunte de temas. Y que si alguien escucha una canción fuera del contexto del disco que sepa que se está perdiendo algo, que hay algo más atrás. Si escuchás o te bajás una canción sola está buenísimo, pero…

Una defensa del disco como concepto, como producto completo…pero el mercado parece apuntar a otra cosa…

– Y bueno, pero el mercado se mueve con intereses de mercado. Yo no me muevo con intereses, sino en función de un tipo que le gusta escuchar música, del melómano también. El mercado es el mercado, va y viene. Nunca fui una persona que estuviera afectada por necesidades de mercado.

No parece una bandera menor..

No, no…y es pesada. Es la que decidí agarrar porque amo la música y el rock y…la vi ahí tirada y la agarré..(risas).

En el disco hay varias baladas, como “Escarabajo” (de Ulises Butrón). ¿Esto tiene que ver con cierta introspección del solista?

– Yo lo que quería era mostrar otro aspecto mío, mi placer como intérprete. Cantar la canción de otro y darle su punto de vista y entregarla desde otro lugar. Había una necesidad de relax, de no tener que mostrar una cosa prepotente.

Fuente: Clarín

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