martes, 23 julio, 2019 | 3:15
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Los hijos de la pavota

Por Alejandro Videgaray.

De un tiempo a esta parte los ciudadanos de Bahía Blanca no logramos superar nuestra capacidad de asombro. Una serie, que parece interminable, de hechos bochornosos nos golpea sin prisa y sin pausa.
El tema del agua es ya un asunto ancestral de nuestra historia, que en un marco reciente se remonta a la tristemente celebre Azurix, que nos dejo de herencia a la no menos impresentable ABSA.

La cota del dique que desciende peligrosamente se atribuyo siempre a la falta de lluvias. Finalmente, después de insistentes desmentidas oficiales y gracias a las fotos aéreas publicadas en un importante portal de noticias local se descubrió otra parte de la verdad, un establecimiento privado tiene endicamientos ilegales para riego que disminuyen o impiden el llenado del dique. La prensa descubrió la verdad, ahora es el turno de la ¿justicia?.

Resulta irritante en extremo seguir escuchando los titubeos y mendacidades de los funcionarios de ABSA mientras la calidad del agua hoy ya llega a pésima.
La recolección domiciliaria de residuos se realiza ya con la frecuencia que se le ocurre, o le indican desde Buenos Aires, a la empresa prestadora, a la sazón Covelia. Sospechada de ser de propiedad de un importante líder sindical, todavía recuerdo la imagen del movilero de un importantísimo periodista local que fue salivado a discreción por miembros de su sindicato reclamándole por los dichos de su jefe. Si bien el servicio muestra serias deficiencias, a la hora de pedir reajustes de precios no tuvo empacho en solicitar la graciosa cifra de 110% de incremento.

El plan gubernamental “Carne para todos” tuvo aquí ribetes patéticos. Desmentidas, intentos de encubrimiento, respaldos devenidos en renuncias.
Lo real es que la carne destinada a gente de menores recursos fue privilegiadamente compartida por individuos que demostraron escasa o nula sensibilidad social. El principal responsable luego de varias idas y venidas renuncio a su cargo y sin ponerse colorado asumió su banca de concejal.
El transporte público de pasajeros es un tema que parece no tener fin.

En La Plata, disfrutando de su rango ministerial, esta quien nos prometió un servicio de colectivos de excelencia. Nos decía que Plaza y Mayo no eran lo mismo. Desgraciadamente la realidad fue muy distinta. Hoy la SAPEM invierte dinero del erario público para comprar colectivos, mientras la polémica entre Plaza y la municipalidad se dirime en la justicia.

Y todavía nos queda una concejal sospechada de utilizar en beneficio propio y de su familia pasajes destinados a enfermos y personal del hospital Penna, y algunas milanesas y viandas compradas por contratación directa al hermano del funcionario contratante.

La frase es antigua, pero me parece que viene al caso, últimamente los ciudadanos bahienses parecemos “los hijos de la pavota”.

@avidegaray

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