viernes, 19 abril, 2019 | 17:55
Noticias Destacadas

Ley de servicios Audiovisuales: El vaso medio vacío ¿o medio lleno?

Por Gustavo Mandará

Por Gustavo Mandará, delegado de AFSCA en Bahía Blanca

La situación del país en general y Bahía Blanca en particular en relación a la Ley Nº 26.522 de Servicios Audiovisuales reedita la paradoja del vaso medio lleno o medio vacío, según cómo lo quiera ver el observador.
Si de intentar ofrecer otros ejemplos gráficos se trata, también se podría indicar que en relación a un ideal sobre cien, ni siquiera se está en cero, sino en menos diez.
Y que esto puede sonar un poco fuerte, es muy cierto.
Tan cierto cómo decir que hace poco más de un año se estaba en menos veinticinco o menos treinta y en ese breve lapso se descontó más trecho que en toda la vergonzosa inacción que medió entre 1983 y 2009.
Y esta última perspectiva, sin dudas, aparece cómo bastante más esperanzadora.

Mantener este ritmo hacia la adecuación dependerá antes que cualquier otra cosa de la consolidación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) como organismo en condiciones de aplicar la ley que es su razón de ser.
Sigamos con otra que suena bastante fuerte: hoy por hoy, AFSCA no está en condiciones estructurales de velar por el pleno cumplimiento de la ley.
Negarlo, ocultarlo o discutirlo, desde el punto de vista de quienes la conformamos sería hacernos un flaco favor a nosotros mismos, cualquiera sea nuestro rango en el escalafón, además de una traba de cara a la indispensable asunción de la realidad que pretendemos cambiar.
Sin embargo, también en esto, si se adquiere cierta perspectiva, cabe dotar de optimismo a la mirada.

AFSCA es un organismo mucho más sólido que el que era cuando se llamaba “COMFER”.
Y lo es por el contundente motivo de que hoy cuenta con una razón para su existencia.
Esto es una ley acorde a los tiempos que corren, en los que los medios audiovisuales son una parte fundamental de la construcción de la realidad, tanto como de su percepción, con el consiguiente correlato anímico que dentro de cualquier sociedad esto supone y, como tal, no pueden ni deben permanecer envueltos en la confusa nebulosa de un marco regulatorio que por anacrónico ya era por completo obsoleto.
Como la zanahoria delante del carro, la quimera de “alcanzar” la ley es lo que obliga al organismo a mantenerse en marcha, a renovarse, a adecuarse, a ponerse en condiciones operativas…
Falta muchísimo. Si fuera un viaje de mil kilómetros, quizás recién hayamos llegado al kilómetro treinta, pero se está en marcha.

Si de poner ejemplos que invitan a creer se trata, a mediados o fines de la década de 1990, imaginar que el PAMI iba a ser el que hoy es, era descabellado.
Tanto como vislumbrar una AFIP capaz de evitar que se evadieran más impuestos de los que se pagaban o una ANSES que administre los fondos previsionales y los utilice como motor para una economía nacional en crecimiento.
Corresponde reconocer que estos paralelos, si bien muy próximos, atendibles y para nada descabellados, no son exactamente iguales a la situación referida a AFSCA y todo lo que de ella depende.
Y nada mejor que el caso concreto de la delegación local que me toca ocupar para calibrar la mira con la mayor precisión.

En teoría, de esta oficina de puertas por completo abiertas a la comunidad ubicada en avenida Alem al 300, dependen el control y la fiscalización de unos 200 medios de una región tan amplia como la propia Sexta Sección Electoral.
En la práctica, las cuatro personas que de ella dependemos, hacemos lo mejor que podemos en múltiples frentes, sin siquiera con un vehículo oficial para trasladarnos—usamos el particular o quedamos a merced de algún transporte público—cuando nos toca cumplir algún requerimiento en la zona.
Esto, por mencionar sólo una dentro de múltiples carencias en una repartición en la que no cabe otra que patear el corner, cabecear el centro y, si de vez en cuando, logramos meter un gol, también comentarlo.
Pero, cómo nunca antes, se ve luz al final del túnel.
Y si no nos toca a nosotros alcanzarla, sin dudas, nos anima la certeza de que se están sentando las bases de un camino correcto, al cual durante casi tres décadas no se le realizó ni la menor mejora o mantenimiento.

De allí que todo lo que se haga ahora parezca iniciático, casi fundacional, propio a las vicisitudes de aquellos pioneros que ocupan un terreno abandonado durante años por autoridades que cuando regresan a intentar tomar un control que nunca deberían haber dejado, se encuentran con que el primer e indispensable desafío consiste en resolver todo tipo de situaciones anómalas que se desarrollaron durante su ausencia.
Y en eso se está. Recién en el comienzo. Pero se está.

Aclaración: Este artículo de opinión se publica por invitación de los editores a su autor y no implica relación alguna de quien lo escribe con el sitio en que publica ni con ningún otro medio de comunicación.

Comentá esta nota

WP Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com