martes, 21 noviembre, 2017 | 18:03
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La Argentina inicia su despedida del ensayo chavista

Es el dato más relevante de la elección del domingo. Gane quien gane, se inicia un giro profundo en la política exterior.

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La tensión lógica del final de campaña logra sostener la ilusión: Daniel Scioli y Mauricio Macri son polos opuestos. De un lado la continuidad del kirchnerismo revolucionario, del otro el regreso a la derecha neoliberal de los noventa. O versiones timoratas de esas identidades.

Como suele suceder, el análisis exhaustivo de la coyuntura (¿Cuantó mide? ¿Hay ballotage? ¿Cómo está en Córdoba, qué pasa en Santa Fe? ¿Gana Vidal? ) dificulta la observación de lo evidente: Las diferencias entre Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa son sutilezas para almas refinadas, comparadas con el contraste que arroja cualquiera de ellos frente al kirchnerismo.

Diferencia que se vuelve antagónica cuando se detiene la mirada en la visión de estos candidatos presidenciales sobre el mundo, los aliados naturales de la Argentina y el lugar en el que debería ubicarse el país en la discusión global.

Es interesante, sobre todo, mirar de cerca lo que está haciendo Scioli, por ser el que supuestamente encarna lo distinto, la continuidad del proyecto de Cristina que hizo del antagonismo con Estados Unidos y Europa, uno de los ejes centrales no sólo de su política exterior, sino de la construcción de su relato.

La tensión de final de campaña logra sostener la ilusión: Daniel Scioli y Mauricio Macri son polos opuestos. De un lado, la continuidad de la revolución kirchnerista. Del otro, el regreso a la derecha neoliberal de los noventa.

Scioli ya decidió que si llega al poder, Mario Blejer será su hombre en Londres y Guillermo Francos el embajador en Washington DC. Imposible un contraste más pronunciado. Sale la azafata chavista Alicia Castro y entra un ex director del Banco de Inglaterra.

En Washington el giro también tiene el ADN del metamensaje económico que este giro en política internacional sugiere: El regreso a la normalidad macro y las políticas de mercado. Scioli eligió para el destino más importante de la diplomacia argentina, al ex presidente del Banco Provincia, Guillermo Francos. Un hombre que proviene de la centroderecha, que trabajó en el grupo de Eduardo Eurnekian y que es considerado casi un par entre los empresarios, remplazará a Cecilia Nahón, la aplicada alumna “antimperialista” de Axel Kicillof.

Cristina es la primera en entender la transformación en curso y de manera agónica trata de construir lo imposible: un corset de política exterior a su sucesor, básicamente en base a conceder obras públicas que demandarán décadas, a China y Rusia. Póstumo homenaje a su despreciado Julio de Vido, que intenta atrapar en ladrillos la dinámica inasible de la política exterior.

Argentina inicia así su despedida de la experiencia chavista, un proyecto que el kirchnerismo asumió sin fisuras en lo discursivo, pero por resistencias culturales y políticas nunca pudo desplegar en toda la extensión que hubiera deseado.

El momento crítico de esa tensión se produjo cuando Cristina lanzó la reforma judicial, que iba a someter a ese poder a su arbitrio, abriendo la posibilidad de una reelección indefinida, pasando en los hechos de un sistema de raíz republicana, con frenos y contrapesos, a un régimen centralista de concentración del poder, en la figura de un Presidente casi sin límites institucionales.

Fue en esa instancia cuando la resistencia cultural, intuitiva, de la sociedad, le dio espaldas, primero al fallo de la Corte Suprema que de un plumazo derogó la reforma y meses después la certificación política con el triunfo de Sergio Massa en las legislativas del 2013, que sepultó la idea reeleccionista y abrió la sucesión, que este domingo empezará a cristalizar un nuevo liderazgo, que vuelve ocioso preguntarse si se impondrá la continuidad o el cambio.

por Ignacio Fidanza

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