lunes, 15 julio, 2019 | 15:42
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Honestidad para todos (y todas)

Los argentinos está asistiendo a su propio entierro. Un futuro mejor que el preocupante presente se está muriendo. La corrupción que no se reconoce como la causa de casi todos los problemas asiste como invitada preferencial a las pompas fúnebres. Las elecciones por sí solas no cambiarán nada, mientras no exista una sociedad que reaccione frente al robo de sus aportes al sostenimiento de los público por parte de una clase política abyecta.

"Nada es extraño ni obra de la casualidad. Trenes obsoletos, rutas arcaicas, fronteras sin control, ciudades colapsadas apenas una fuerte lluvia se precipita, edificios que vuelan por el aire por escapes de gas, obras públicas que se dilatan y finalizan costando varias veces más que el presupuesto inicial." (Foto NA)

“Nada es extraño ni obra de la casualidad. Trenes obsoletos, rutas arcaicas, fronteras sin control, ciudades colapsadas apenas una fuerte lluvia se precipita, edificios que vuelan por el aire por escapes de gas, obras públicas que se dilatan y finalizan costando varias veces más que el presupuesto inicial.” (Foto NA)

La corrupción está enraizada en la sociedad argentina.

Los argentinos sin excepción, por acción u omisión, son cómplices de una decadente e inescrupulosa clase política que ha venido metódicamente conduciendo los destinos del país a la ruina mediante el constante robo y despilfarro de los dineros públicos.

Nada es extraño ni obra de la casualidad.

Trenes obsoletos, rutas arcaicas, fronteras sin control, ciudades colapsadas apenas una fuerte lluvia se precipita, edificios que vuelan por el aire por escapes de gas, obras públicas que se dilatan y finalizan costando varias veces más que el presupuesto inicial.

Todo es causal.

Barrabravas que son elogiados desde lo más alto del poder público porque trabajan para él. Hijos y entenados a la hora de hacer un trámite, hasta los pequeños y clásicos “dame dos de las buenas” o “vengo de parte de…” o “¿no sabés quién soy yo?”; hasta el “¿cómo arreglamos esto?”.

Nada es obra de la improvisación.

Todo ha sido planeado y nadie ha roto la planificación.

La educación ha venido siendo destruida sin solución de continuidad, la pobreza ha ganado, incluso, a buena parte de la clase media y el empleo oficial se fue multiplicando.

Cuántos más brutos, necesitados, y asalariados del Estado existan más fácil resultan estos de ser “comprados” a la hora del voto.

De esta forma nada cambia, empeora para la mayoría; mientras los recursos de todos terminan llenando de placeres a nuevos ricos que viven mulplicado injustificadamente su patrimonio con tan solo el arte de sobrevivir o haber pasado por la función pública.

Los empresarios argentinos están tan hermanados con la corrupción de la dirigencia política que hasta temen pronunciarse en voz alta acerca de la misma.

Un salto cualitativo en la deshonestidad existente ha sido “el relato”. Ficción con la que ha se sumergido la realidad de la visión del común de la gente gracias a los años de viento a favor; los que han dejado de soplar y comienzan a correr el velo de la triste realidad que habrá que afrontar.

La corrupción y la ineptitud ha resultado un vínculo letal para la inserción del narcotráfico. Un flagelo nuevo que ya está mostrando sus garras y las mostrará, desgraciadamente, con mayor poder en los años venideros.

Las propuestas de reemplazos de los gobernantes actuales salen de políticos que han integrado o integran el mismo cuerpo enfermo de deshonetidad brutal con que se asiste hasta este lacerante presente.

Nada, entonces, aventura un mañana diferente.

Seguirá la sociedad teniendo que pagar con más muertes y peor calidad de vida la corrupción que no quiere o no puede ver, reconocer o combatir.

Para que este escenario cambie, un fuerte cambio político social debe existir.

Una nueva generación de la clase dirigente debe darse en todos los estratos.

Las figuritas repetidas traen más de lo mismo.

Mientras se siga manipulando a los más necesitados;

Mientras los que pagan impuestos no reaccionen frente al robo de sus tributos;

Mientras exista connivencia en las cúpulas de los poderes públicos y privados;

Mientras no exista una justicia que encarcele a los ladrones de guantes blancos;

Mientras el pueblo siga permitiendo lo ilícito;

Nada nuevo habrá bajo el sol de una nación que languidece.

También, más de lo mismo puede ser un anuncio del plan “honestidad para todos y todas”.

por JORGE HÉCTOR SANTOS

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