lunes, 16 julio, 2018 | 9:27
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Geometría de los Siete Samurais

Del segmento Scioli hizo un triángulo. Pero Massa lo transforma en rectángulo.

geometriadelossietesamuraisIntroducción
Elevación -¿transitoria?- de Massa

Una semana antes de la muerte (irresponsable) de Néstor Kirchner, El Furia, con el apoyo de Consultora Oximoron, el Portal inició la divulgación del sistema evaluativo de los “Siete Samurais”.
El poder, en aquella instancia, se diseñaba como un segmento.
Un bien conyugal que tenía, en cada punta, a El Furia y Cristina, La Doctora. Ambos competían por la candidatura de 2011.
Pero Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, alcanzó a doblar el segmento. Hasta convertirlo en un triángulo. Con Scioli como nuevo vértice.
La partida de El Furia no iba a modificar el esquema geométrico del Triángulo.

Es el origen de la impuesta miniserie “Cristina, Mauricio y Daniel”.
En adelante, Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, ocupó el tercer vértice. Acompañado por La Doctora, y Aire y Sol.
Los tres son demasiado conocidos por la sociedad. La capacidad de sorprender es bastante relativa.

Ahora, tal vez transitoriamente, se asiste a otro cambio geométrico. El triángulo pasa a ser rectángulo.
A través de Sergio Massa, La Rata del Tigre, y a punta de encuestas, se les entromete el nuevo vértice.
La irrupción de Massa es oxigenante y muestra la asombrosa fragilidad del sistema político.
De la decisión ordinaria del mini-gobernador de Tigre -apenas un alcalde- depende, de pronto, la estrategia de los otros tres vértices fundamentales del rectángulo.
Para transportar más tensión a la provincia numéricamente trascendental e inviable. Buenos Aires.
Es donde tienen que rendir el examen final la totalidad de los samurais. Y los aspirantes a serlo.

Osiris Alonso D’Amomio
Director- Consultora Oximoron
Mayo-2013
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“Se larga por afuera y arrasa”. “Va por adentro” (del Frente para la Victoria). “Compite en las PASO”. “Es funcional a Cristina”. “Gana la provincia y va derecho para Presidente, y no para Gobernador”. “Si se baja, los intendentes que embarcó le van a cortar los…”.
Las tradicionales vueltas a La Rotonda, que le sirvieron a Massa para crecer, ya aburren.
Derivaron en el inquietante Factor Massa.
Es probable que el muchacho haya construido una playa de estacionamiento para poner, en definitiva, un mínimo Smart.
Pero no queda otra alternativa que consignarlo -a Sergio Massa- como uno de los Siete Samurais de mayo.

La conquista de la centralidad

En el mismo plano que Scioli, quien dilata la situación límite que protagoniza, admirablemente, desde hace una década.
Inmerso -Scioli- en el equipo desvencijado, que no termina de apreciarlo como un valor fundamental.
Scioli se instala aún como un cuerpo extraño en el cristinismo, al que banca aún en su declinación. Irremediablemente.
Con el permanente amague de emancipación que nunca, en el fondo, va a ocurrir.
Es su atributo. En simultáneo, es su sustancial vulnerabilidad.
La pertenencia de Scioli, en la práctica, es artificial. En todo caso representa la “derecha” del cristinismo, en un país donde todos quieren ser progresistas.
El cristinismo pretende imaginarse revolucionario, casi de izquierda. Aunque, en sus tramos fundamentales, sea sostenido por estructuras de poder estrictamente conservadoras.
La confusión nace de la genialidad originaria de Néstor. Reside en la inclusión, entre sus planteles, de cierta izquierda que venía con hambre y en banda. Necesitada de presupuestos y -sobre todo- de presos.
El Furia les cedió presupuestos generosos a la izquierda y la llenó de presos.
La circunstancia le abrió el abanico protector de la impunidad. A los efectos de entregarse a la pasión recaudatoria que se destaca, en la actualidad, como el motivo prioritario de la devastación moral del gobierno de su heredera. La Doctora.

En semejante esquema, y aunque lo banque, no entra Scioli.
El problema que tiene La Doctora es que Scioli ya está adentro.
Y lo peor -para Oximoron- es que La Doctora lo necesita. Aunque lo maltrate. Ya que la pobre no se encuentra en condiciones de perder un solo voto en la inviable Buenos Aires.
Donde, si pierde, “fue”.

Por lo tanto Scioli prolonga la estadía adonde no lo admiten ni quieren.
Se desgasta en diferenciaciones fotográficas que sólo consolidan “el misterio de la presencia ausente”.
De todos modos, hasta hoy, para acceder al difuso destino presidencial, el rival principal de Scioli no es de ningún modo el emergente Massa.
Ni siquiera es La Doctora, que en la práctica es un plazo fijo. Agotado. Aunque discursea y redacta twits.
El plazo tiene fecha de vencimiento, pese a las amenazas de renovación que se fomentan en el Gobierno-Estado.
Para Consultora Oximoron, el competidor fundamental de Scioli es Mauricio Macri. Es el consolidado vértice del triángulo (temporariamente transformado en rectángulo).

Macri avanzó, en los últimos días, varios casilleros. En el juego de oca del poder. Por la sorprendente audacia que utilizó para conquistar la iniciativa.
La centralidad que La Doctora mantiene ocupada, a pesar de la propia devastación.
Conquistar la centralidad es, precisamente, lo que le falta a Scioli. Jugar en la cancha grande con actitud superior. En una geometría que se extiende, donde Macri se proyecta con firmeza. Y donde Massa exhibe, por su parte, la fresca capacidad de sorpresa. Dato interesante, entre tanta previsibilidad. Y la condición de representar, al menos, la imagen de algo concreto, que alude al futuro.

Binner, Sanz, De la Sota

Debajo del rectángulo de referencia, y algo alejados, queda espacio -en la evaluación de mayo- para identificar los otros tres samurais.
Dos de ellos aún mantienen el detalle diferenciador de no ser peronistas.
Hecho rescatable en un momento en que el peronismo suele dibujarse como sinónimo del sistema político en la Argentina. A pesar de los iluminados que pronostican la extinción de su influencia.
Son teóricos que pueblan, sobre todo, el voluntarista macricaputismo emocional.
Los optimistas que postulan que el peronismo, como el radicalismo, pertenecen a categoría del pasado. Aunque abunden los peronistas culturales y los radicales románticos. Como restos de civilizaciones que paulatinamente se extinguen.

Entre los samurais “no peronistas” sigue siempre Hermes Binner, el John Wayne de El Hombre Quieto.
Binner pugna por liberarse de los dogmatismos socialistas. Se clausuran entre los pliegues de la ejemplaridad partidaria. Para asumir el desafío del pragmatismo principista. Incita a tomarle con seriedad las aperturas de sus mensajes. Su capacidad para la construcción política.
Junto a los radicales que naufragan, y a los despojos de alguna izquierda racional, Binner alcanza a elevarse hacia una alternativa que podría calificarse, sin mayor rigor, como socialdemócrata. Con inconvenientes obvios para la diferenciación de un cristinismo que los despoja del contenido. Los deja sin mensaje propio. Ampliaremos.

El otro “no peronista” es Ernesto Sanz, La Esperanza Blanca.
Emblema del radicalismo que se resiste a peronizarse, y que se consolida, mismo en la declinación, como lo que es. La principal oposición.
Sanz ya está lanzado para el 2015. Se apresura tal vez para no ser madrugado, como en 2011.
Traslada al plano nacional la rivalidad que arrastra desde Mendoza. Pero Cobos, su comprovinciano, tiene antes que triunfar en 2013.
Sanz desplaza a Cobos -para Oximoron- entre los primeros samurais.
Pero desplaza también a aquel que lo madrugó. Ricardo Alfonsín marcha hacia el amontonamiento. Con su deseo de revancha postergado.

El séptimo samurai de mayo es José De la Sota, El Cordobés Profesional.
Tiene suficiente experiencia como para mantener sus aspiraciones presidenciales.
Para Oximoron aún no se lo ve -a De la Sota-, introducido en el juego de las ligas superiores.
Pero su cautelosa construcción debiera explicarse mejor.
No amaga De la Sota con ser primero para ser después segundo de alguien, como se dice en todos los mentideros.
Ocurre que Córdoba es una provincia de las más complejas. En Córdoba se necesita tener siempre a su gobernador absorbido en el trajín local. Su sociedad suele maltratar a todo aquel que tome la provincia como un mero peldaño para escalar hacia el orden nacional. Irreparablemente, los cordobeses tienen sus buenos fundamentos para la desconfianza.

por Carolina Mantegari.

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