jueves, 15 noviembre, 2018 | 22:23
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El mito de Evita cumple 60 años

El 26 de julio de 1952, a los 33 años, la noticia de la muerte de la esposa de Juan Domingo Perón conmocionó al país

Sesenta años atrás, la Argentina asistía a una de las movilizaciones más concurridas de su historia. El fallecimiento de Eva Duarte de Perón convocó a una multitud para despedir sus restos, en medio de una fuerte conmoción.

El 26 de julio de 1952, pasadas las 21.30, un comunicado por cadena daría inicio al velatorio que se extendió por más de 15 días. “Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente”, se emitió por radio.

Se trataba de la despedida de una personalidad emblemática de la política argentina y la figura más cercana a las masas populares que se identificaron con el movimiento político de su marido, Juan Domingo Perón.

“Evita” falleció con apenas 33 años, víctima de un cáncer de útero que la obligó, más de una vez, a sobreponerse a su quebrantada su salud para hablar frente a los miles de peronistas que la idolatraban.

Nacida en 1919, pasó su infancia en la localidad de Los Toldos en el seno de una familia humilde. Tras mudarse a Junín, comenzó a mostrar su vocación artística y siendo adolescente, migró a Buenos Aires. “En el lugar donde pasé mi infancia los pobres eran muchos más que los ricos, pero yo traté de convencerme de que debía de haber otros lugares de mi país y del mundo en que las cosas ocurriesen de otra manera y fuesen más bien al revés”, escribió en el libro La razón de mi vida.

Tuvo diferentes papeles en compañías de teatro hasta que en 1937 obtuvo un rol en un readioteatro. A partir de allí ganaría protagonismo en la radio y en el cine.

Su vida dio un vuelco en 1944, cuando conoció a Juan Domingo Perón, en un acto realizado en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión. A su lado vivió las intensas jornadas de octubre de 1945 para luego tener una participación activa en la campaña de 1946, que llevaría a su marido a la presidencia.

Con Perón en la Casa Rosada, Evita despegó su carrera política. Días después del triunfo de su marido, pronunció su primer discurso político en un acto en el que comenzó a exigir el sufragio femenino, un derecho que se conquistaría poco después.

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En tanto, Evita se convirtió en un lazo estrecho con las bases del peronismo, al mantener en una relación cercana y compleja con los sindicatos y al proliferar la asistencia social a través de su fundación.

A comienzos de 1950, su enfermedad empezó a hacerse visible. Su entorno había buscado evitar la palabra “cáncer” para hablar con ella y con sus “descamisados” y referían a una úlcera de cuello uterino. Pero pronto se supo que su caso era terminal.

Tan sólo meses antes de su muerte, los adeptos al peronismo exigían que se pronunciara sobre la posibilidad de ser vicepresidenta. El 31 de agosto de 1951, a las ocho y media de la noche, en un breve discurso pregrabado, Eva Perón anunció su irrevocable y definitiva decisión de declinar a la candidatura, momento que fue conocido como “el día del renunciamiento”.

Su cuerpo fue embalsamado y expuesto en la CGT. Pero en 1955, durante la Revolución Libertadora, el cadáver fue secuestrado y permaneció desaparecido durante 14 años. El confuso episodio histórico, que incluyó entierro en un cementerio italiano bajo un nombre falso, culminó cuando en 1974 cuando sus restos fueron repatriados desde España.

A partir de allí se abrió una bóveda en el cementerio de la Recoleta. Las visitas que hasta el día de hoy realizan locales y turistas ilustra la trascendencia que alcanzó la figura de Evita.

Fuente: La Nación

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