sábado, 24 agosto, 2019 | 15:22
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Del dólar, las falacias oficiales y la histeria pública

Por Alejandro Videgaray

No es intención de este escriba hacer un análisis económico de la evolución de las divisas extranjeras.
Simplemente tratare de interpretar algunas conductas publicas en respuesta a mensajes como mínimo no claros, para no decir falaces, de los sucesivos gobiernos de turno.

“¿Compañeros, alguno de ustedes vio alguna vez un dólar?” Juan Domingo Perón. (Presidente entre 1946-1955 y 1973-1974). Pregunta ante la multitud reunida en Plaza de Mayo, durante su primera presidencia.

“El que apuesta al dólar pierde” Lorenzo Sigaut ministro de economía 1 de Abril 1981 – 29 de Diciembre 1981 (Proceso de reorganización nacional, gobierno de facto).

“Les hablé con el corazón, y me contestaron con el bolsillo.”, 1988, Juan Carlos Pugliese, Ministro de Economía de Alfonsin, en plena crisis inflacionaria

“El que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares recibirá dólares.”, 2002, Eduardo Duhalde en plena crisis financiera

“El dólar no es negocio, cualquier persona que haya hecho un plazo fijo en el banco en estos últimos años le ganó al dólar”, estimó el vice del BCRA Miguel Pesce. 28 de Octubre de 2011.

Quedarían por mencionar, tal vez sin frases tristemente celebres, José Alfredo Martínez de Hoz (Joe) ministro de economía que en los inicios del proceso manipulo el dólar con una tristemente famosa “Tablita”. Un personaje siniestro que sostenía que a la Argentina le resultaba lo mismo ”fabricar caramelos que acero”.

Y no seria justo excluir de esta lista al responsable de la “década infame” contemporánea, Carlos Saúl Menem, quien con la diligente colaboración de su ministro de economía Domingo Felipe Cavallo sanciono la “Ley de convertibilidad” que garantizaba la libre convertibilidad entre el peso y el dólar.

Es sabido que los Argentinos tenemos una relación extraña con esa divisa.
Su cotización es un indicador directo del grado de certidumbre y confianza de la población con el gobierno.
Y la mayoría de la ciudadanía concluye que es un refugio seguro ante los vaivenes de la economía, y ante la inminencia de una posible crisis económica.
Y no es menos cierto, que por todo lo expuesto, los sucesivos gobiernos nunca supieron manejar el tema con inteligencia.
Lejos de aquietar las aguas turbulentas sus desafortunadas declaraciones profundizaron las crisis agregando al problema económico un turbio tinte político. Esta combinación letal siempre tuvo pésimos resultados. Y esa idea esta insertada en lo profundo del sentimiento popular.

Por eso, esa pasión por el dólar, para al menos “salvar el valor de los ahorros.”
Porque la realidad indica que cada vez que el dólar “se atraso” respecto de la inflación, inexorablemente, mas temprano que tarde, recupero su valor. Va de suyo que el grado de “recuperación” es directamente proporcional al periodo de tiempo que dura la distorsión.

Tal vez sea hora de cambiar de método, porque como decía Einstein, “Es de necios suponer que haciendo las mismas cosas se obtendrán resultados diferentes.”

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