martes, 13 noviembre, 2018 | 15:12
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De las candidaturas testimoniales, el engaño, el egoísmo personal y la falta de ética

Por Alejandro Videgaray

Finalmente los rumores tuvieron su confirmación de boca del causante.

El intendente no asume el cargo para el que fue reelecto recientemente, anteponiendo así sus intereses personales a los compromisos asumidos por su propia voluntad con la ciudadanía.

Esta lo había votado en respuesta a su propuesta de campaña: “Yo creo en vos”.

Tamaña sorpresa se llevaron sus votantes cuando advirtieron que mas que creer en ellos, creía en “el”.

Si algo hay que reconocer en el intendente defeccionado es que es una “rara avis” en el mundo de la política.

Dueño de una inteligencia superior a la media sus ansias de conocimientos lo llevaron a cursar dos carreras universitarias, dominar idiomas y un repaso rápido de su currículum vitae demuestra una clara intención de superación académica y personal.

Y la verdad es que sus antecedentes no hacían suponer una actitud de este tipo de su parte.

Recuerdo que en la elección del 2009 cuando el Kirchnerismo invento el engaño de las candidaturas “testimoniales” supo resistir las innumerables presiones de las que fue objeto.

Y esa acción fue motivo de orgullo, no solo para sus adláteres, sino para la ciudad toda.

Hay un dicho popular que dice : es de sabios cambiar de opinión.

Yo no se si el intendente licenciado es demasiado sabio, pero si es evidente que cambio su opinión.

Una visión estratégica de la situación indica claramente que no es la misma vidriera política una intendencia del interior de la provincia que un ministerio enLa Plata.Basterecordar que el actual ministro del interior del gobierno nacional, con firmes posibilidades de ascender a jefe de gabinete de ministros, tiene como cargo antecesor un ministerio en la provincia de Buenos Aires.

Y no es que estemos en contra de la sana ambición de las personas. Por el contrario la aplaudimos y consideramos necesaria para la superación personal.

Pero entendemos que este acto supera la sana ambición y transita peligrosamente los límites de la ética política.

Y el nudo de problema ético radica en la temporalidad de la decisión.

Si el echo es preexistente a la postulación como candidato a intendente reviste una gravedad aun mayor. Seria lisa y llanamente un engaño, una estafa a la ciudadanía toda.

Si por el contrario esta oportunidad del ministerio surge como un acomodamiento de fuerzas como resultado del triunfo eleccionario en la provincia, sin justificar el hecho, como mínimo hubiera requerido una detallada explicación a la población a fin de aclarar este hecho de por si oscuro y evitar el sinnúmero de versiones y rumores que nada bien le hacen a nuestra vida institucional.

Y no comulgamos aquí con los acólitos del “es bueno para Bahía un ministro en La Plata”.

Más bien consideramos esto como un acto de egoísmo personal de alguien que antepone sus intereses personales y sus ambiciones a los compromisos contraídos, por su propia voluntad y decisión con la ciudad toda.

Ante la falta de claridad en las explicaciones del caso, la verdad de los hechos queda reservada al ámbito de su conciencia.

El sabrá.

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