viernes, 17 agosto, 2018 | 15:54
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Cristina, San Martín y la justificación de la mentira

UN REJUNTE DE FRASES EXTEMPORÁNEAS.

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Con dos horas de atraso, Cristina Kirchner llegó a la caliente Mar del Plata a efectos de pronunciar su primer discurso del año desde un palco de ubicación preferencial. Fue una diatriba encendida, acorde a las altas temperaturas que vive la costa atlántica.

En una clara sobreactuación oficial, la mandataria dijo que se estaba ante “lo que tal vez simbolice la defensa irrestricta de los derechos de la Argentina y el respeto de su soberanía”. ¿Qué tiene que ver la soberanía del país con el incumplimiento de obligaciones contraídas?

Sin mencionar jamás que la saga de la Fragata se inició por impericia de los funcionarios de su propio gobierno —ninguno de los cuales, dicho sea de paso, dejó su cargo por ello— Cristina señaló a imprecisos “buitres” y “caranchos” como verdaderos responsables de lo sucedido.

Eso sí, siempre en tono de épica, narrativa que ella misma se encargó de impulsar al comparar el culebrón de la embarcación con la Odisea de Ulises. Como si ello no hubiera sido suficiente, la mandataria fue por más: “Cómo decía San Martín: cuando no tengamos nada pelearemos en pelotas como nuestros hermanos los indios”. ¿Nadie le advirtió a la Presidenta que esas palabras son extemporáneas hoy?

Cristina no solo utilizó palabras que hoy suenan anacrónicas, sino que lo hizo de manera descontextualizada. Por caso, cuando San Martín habló de “andar en pelota” (sic) hacía referencia a la ausencia de “dinero, carne y tabaco”. Y allí dijo la célebre frase que hoy quiso rememorar la Presidenta: “Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios”.

No fue el único desacierto. A la hora de hablar de Néstor Kirchner, Cristina dejó una frase que fácilmente podría refutarse: “Cuando muchos pedían que nos entregáramos y le pagáramos a esos fondos buitre, nuestro Gobierno hizo gala al respetar un legado histórico que él nos dejó cuando dijo que no pensaba dejar sus convicciones en la Casa de Gobierno”. ¿Se olvidó acaso la mandataria del pago en efectivo que su extinto marido hizo al FMI en diciembre del año 2005?

Cristina no deja de generar creciente polémica y preocupación con sus palabras. No se trata ya de escuchar a la desdibujada oposición, sino seguir por las redes sociales mínimamente los comentarios de gran parte de la sociedad. Las emociones que allí se conjugan son inequívocas y, en algunos casos, reveladoras.

La avanzada de la jefa de Estado en el sendero del “vamos por todo” se evidencia intacto y ahora con un nuevo agregado: la profesión de fe de que nunca falta a la verdad. “No miento, no engaño”, aseveró con firmeza la Presidenta. ¿Cómo llamar pues a su ocultamiento de la inflación, la inseguridad y el cepo cambiario? ¿Qué decir respecto a su justificación patrimonial como “abogada exitosa”, lo cual fue claramente refutado por los hechos?

Si Cristina cree realmente que jamás incurre en falacias, es preocupante; si lo sabe y lo maquilla, también lo es. Tal vez su justificación sea la misma que alguna vez pronunció Anatole France: “Sin mentiras, la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento”.

Por Christian Sanz

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