martes, 16 octubre, 2018 | 22:57
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Cambio de Gabinete: más un reajuste que un cambio

por Rosendo Fraga.

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En diez años del Kirchnerismo-Cristinismo en el poder nacional, nunca hubo un cambio de gabinete como tal, entendiendo por ello renovar algo así como la mitad de los ministros y nombrar nuevas figuras que permitan crear alianzas y renovar la imagen política del gobierno.

Tampoco lo hubo en Santa Cruz durante los doce años que Kirchner ejerció la gobernación. Ello se explica si se tiene en cuenta que, tanto Néstor como Cristina, nunca reunieron al gabinete, algo inusual y difícil de encontrar en el mundo, pero que refleja una cultura política de fuerte concentración de poder.

Los ministros se cambian de a uno de acuerdo a las necesidades, circunstancias o conflictos que van surgiendo. Por esta razón, más que un cambio de gabinete, lo que ha habido es un reajuste, como en todos los casos anteriores.

Se podría argumentar que la etapa de Antonio Puricelli en Defensa estaba agotada y que la fracasada privatización de la campaña antártica, con denuncias de irregularidades en las licitaciones, hacía conveniente su reemplazo.

Pero su designación en Seguridad, un ministerio hoy más importante que Defensa porque tiene a su cargo la inseguridad, además de ser la primera demanda de la sociedad en un año electoral, tiene más relevancia que los asuntos militares en términos políticos.

A su vez, la salida de Nilda Garré -que en los hechos tenía limitadas sus funciones por el poder creciente de su segundo, Sergio Berni- hoy no cambia demasiado, ya que seguramente Puricelli sabrá respetar su rol determinado por la propia Presidente.

La llegada de Agustín Rossi a Defensa puede sorprender, porque es alguien que ha sabido manejar con éxito votaciones difíciles para el oficialismo, como el acuerdo con Irán, la reforma judicial y el blanqueo. No pareciera que ser ministro de Defensa sea un premio a estos éxitos. Quizás la Presidenta ha percibido que estos proyectos han sido aprobados con sólo 130 diputados y ello implica que, si perdiera dos bancas, el oficialismo dejaría de tener quórum propio.

Pero si así fuera, la designación como reemplazante de la diputada Lorena Di Tullio, si bien garantiza continuidad en la línea política, no suma experiencia para una tarea que no será fácil en los próximos meses.

De acuerdo a ello, es difícil encontrar una lógica política o ideológica en estos cambios, los que probablemente han sido más producto de alguna falla personal de los protagonistas en la óptica de la Casa Rosada, que de en un cambio de enfoque político.

Los que sí resulta claro es que, como ha sucedido en diez años del Kirchnerismo-Cristinismo, no se trata de un cambio de gabinete como tal sino sólo de un reajuste.

No son pocos los cambios políticos, y hasta ideológicos, que se evidencian en el oficialismo. Pero no reunir nunca el gabinete y evitar su cambio para dar un nuevo enfoque político es una faceta de la cultura política en la cual tienen absoluta identidad.

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