viernes, 19 octubre, 2018 | 11:06
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Brad Pitt, actor y productor


Hace cuatro meses, El árbol de la vida tuvo su première mundial en el marco de la Competencia Oficial del Festival de Cannes, donde terminaría ganando pocos días después la consagratoria Palma de Oro.

Preguntas: en el film, Pitt y Jessica Chastain se interrogan sobre el sentido de la vida y la muerte.

En ese paradisíaco enclave de la Costa Azul estuvieron sus tres protagonistas (Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn), así como sus productores Bill Pohlad, Dede Gardner, Sarah Green y Grant Hill. Se dice -cual leyenda urbana- que el director de la película, Terrence Malick, anduvo de incógnito por el sur de Francia controlando la calidad de las proyecciones y otros detalles, pero lo cierto es que jamás se lo vio en público.

Así planteadas las cosas, fueron Brad Pitt (otro de los productores del proyecto) y la bella pelirroja Jessica Chastain (a quien seguramente veremos entre las nominadas al premio Oscar), quienes se encargaron de promocionar el film ante la prensa especializada (La Nacion fue uno de los medios que participaron del encuentro).

Ante el cuestionamiento de varios periodistas por la ausencia del director en Cannes, Pitt y los productores intentaron salir airosos apelando al lugar común (“la película habla por sí sola y queda sujeta a las interpretaciones de cada espectador”) y luego la justificaron en la gran timidez del realizador.

“Lo que Terrence hace es como construir una casa, no tiene por qué ser también el empleado de la inmobiliaria encargado de venderla, aunque en el negocio del cine se nos pida eso. A mí me parece un gesto sincero”, opinó el actor de El club de la pelea, quien también buscará una nominación de la Academia de Hollywood por este film o por la historia de béisbol Moneyball.

Según Chastain (que en los últimos meses regaló notables actuaciones en Wilde Salome, de y con Al Pacino; la exitosa comedia Historias cruzadas; Coriolanus, de y con Ralph Fiennes, y Take Shelter, de Jeff Nichols, junto a Michael Shannon), “Terrence no te obliga a hacer nada, nos deja crear en el set para permitir que los mejores momentos sucedan de manera espontánea y así poder capturarlos. Por eso, evita trabajar con grandes equipos, prefiere calzarse la cámara al hombro él mismo, no poner luces y desarrollar un ambiente sin ruidos, artificios ni nerviosismo. Es todo muy mágico y natural”.

En este sentido, Pitt agregó: “Teníamos un guión denso y un gran trabajo previo para poder sumergirnos en la esencia de los años 50, pero Malick llegaba cada mañana con múltiples ideas e iba reescribiendo las páginas durante el transcurso del día para crear otras cosas. Los chicos no sabían casi nada, jamás leyeron el libreto, deambulaban en el set y nosotros teníamos que adaptarnos a ellos. Terrence sólo se les explicaba un mínimo de lo que ocurría en la trama y luego dejaba que la cosa fluyera. A veces, soltaba a los perros sin avisarnos para ver qué pasaba. Fue un trabajo exigente, cansador y distinto de lo que había hecho antes, pero para el resto de mi carrera me gustaría seguir más por este camino”.

Según el protagonista de El curioso caso de Benjamin Button y Bastardos sin gloria, “Malick es un hombre extremadamente introspectivo, que habla en voz muy baja, un experto en filosofía e historia, un amante de la ciencia, de la naturaleza y de Dios. Me encantó confrontar la visión de una persona que en ciertas creencias religiosas es muy distinto de mí. En ese aspecto tuvimos respetuosas diferencias”, admitió. “Es un artista notable, filma como un pintor, capa por capa, como un escultor o un tallador que va encontrando la forma de a poco. A pesar de todo lo que se dice, es un hombre muy dulce, atento y humilde”, concluyó.

Fuente: La Nación

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