sábado, 24 agosto, 2019 | 23:43
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Asaltante condenado a 7 años y 6 meses de cárcel


Siete años y seis meses de prisión le impuso la justicia a Joel Alejandro Campos (19), quien fue hallado culpable de un violento asalto cometido a comienzos de año en un ciber del barrio Noroeste.

Crédito Foto: Rodrigo García-LNP

El fallo fue dictado por el Tribunal en los Criminal Nº 1, que integran los jueces Enrique José Montironi, Hugo De Rosa y Mario Lindor Burgos, quienes calificaron el accionar de Campos como de tentativa de robo agravado por el uso de armas e intento de homicidio.
La pena fijada coincidió con la reclamada por el fiscal Emilio José Marra, mientras que el defensor Claudio Lofvall había pedido el mínimo de condena por el intento de robo y la absolución por la tentativa de homicidio.
Los magistrados consideraron demostrado que el 5 de febrero pasado, poco antes de la 1.30, dos delincuentes, uno de ellos menor de edad, irrumpieron en el ciber ubicado en Don Bosco 1338, propiedad de Roberto Omar Carrizo (38).
Armas en mano, los malhechores le exigieron al comerciante la entrega de la recaudación, pero Carrizo reaccionó, salió de detrás del mostrador y los increpó para que se fueran.
Fue en esas circunstancias que uno de los ladrones, identificado después como Campos, disparó hacia el damnificado, impactándole cerca de la tetilla izquierda y produciéndole graves lesiones en distintos órganos.
Ante el cariz que tomó la situación, los delincuentes escaparon sin llevarse el botín que habían ido a buscar.

Ladrón confeso


Al momento de analizar la autoría y responsabilidad penal del imputado, se consideraron demostradas por la propia confesión del sujeto.
“Estoy arrepentido por lo que hice; si bien fui a robar, no fue mi intención lastimar. A mi se me escapó el disparo, nunca pensé que el muchacho iba a dar la vuelta detrás del mostrador. Había tomado mucha pastilla esa noche”, dijo Campos al ser interrogado durante el debate.
Reconoció que había tomado clonazepán y que el arma se la habían prestado.
Agregó el sujeto que en el momento que Carrizo salía de atrás del mostrador, extrajo el arma –que tenía un proyectil en la recámara– para asustarlo y en ese momento accionó accidentalmente el disparador, cuando trató de agarrarlo.
Dijeron los jueces que Campos brindó una confesión parcializada y que con su versión pretendió mitigar su responsabilidad, desligándose del delito más grave.
“Con el resto de la prueba aportada en estos obrados, especialmente la recreada en la instancia del debate oral, se logra revertir dos aspectos de la versión del procesado, y ellos son: el primero, que no se trató de un disparo accidental del arma que esgrimía y, segundo, y por consecuencia de lo primero, que no tuvo intención de matar a la víctima”, señalaron.

Relato de la víctima


En este sentido, se tomó en cuenta, principalmente, la declaración de Carrizo, quien afirmó que ambos individuos extrajeron armas instantes después de ingresar en su negocio, exigiéndole que les entregara la plata.
Agregó que se levantó y fue al cruce de los malvivientes, quienes comenzaron a retroceder y uno de ellos levantó el arma y disparó contra él, desde unos 5 o 6 metros.
El comerciante aseguró que en un primer momento no sintió nada, aunque poco después cayó al suelo y comenzó a experimentar un dolor insoportable.
El hombre estuvo tres semanas internado y lo operaron en dos oportunidades, aunque próximamente tendrá que ser intervenido otra vez.
Los jueces también citaron el relato del perito balístico Gabriel Esteban Lastra, quien dijo que el arma calibre 22 que portaba Campos, carecía del arco guardamonte.
Según expresó, esa circunstancia posibilita que la pistola se accione con el roce del gatillo, aunque aclaró que para cargarla se deben ejecutar previamente 3 o 4 maniobras.
Lastra consideró que dado el estado que presentaba el arma, para que se dispare tiene que haber intervención humana, realizándose las maniobras adecuadas para ser cargada.
“Con estos dos últimos testimonios consignados, se cae estrepitosamente la versión del imputado acerca de la accidentalidad del disparo”, expresaron los integrantes del tribunal.
Destacaron que la pistola utilizada tiene la particularidad de que la cola del disparador tiene que ser descendida hasta su punto extremo, ya que de lo contrario, aún accionando o pretendiendo accionar el gatillo, el disparo no se produce.
“Necesariamente, Campos, instantes antes de producir el disparo, tuvo que accionar la cola del disparador hacia su punto extremo y luego sí, jalar el gatillo. La secuencia expuesta, hace presumir que el imputado tuvo que realizar varias maniobras para producir el disparo, lo que desecha terminantemente la teoría del disparo accidental”, dijeron.

Tuvo intención de matar

Los jueces del Tribunal en lo Criminal Nº 1 descartaron el argumento de Joel Campos, respecto de que no tuvo intenciones de matar a la víctima.
Para ello tuvieron en cuenta los dichos del médico de policía Ricardo Alberto Perrielo, quien calificó las lesiones sufridas por el comerciante como “gravísimas”.
En su opinión, a la víctima sólo la salvó su juventud y fortaleza.
En su voto, el juez Enrique Montironi consideró que ese testimonio, sumado a los otros analizados, le hicieron formar convicción de que el disparo fue realizado con “intención de matar”.
Según el magistrado, Campos “tuvo tiempo suficiente y raciocinio para efectuar el disparo de su arma hacia el piso o hacia arriba; sin embargo, apuntó a la víctima”.
Y agregó que “hoy no estamos juzgando un caso de homicidio, por una casualidad del destino”.
Después descartó que se hubiera producido un forcejeo entre el ladrón y el damnificado, así como el argumento del defensor Claudio Lofvall, quien planteó que el arma sólo podía efectuar un disparo y que “difícilmente” una pistola calibre 22 produzca la muerte.
“Evidentemente se trata de una postura netamente subjetiva, pues la gran mayoría de los casos de homicidio, se han producido con disparos de armas de fuego del mismo calibre”, dijo Montironi, quien puso de manifiesto la gravedad de las heridas sufridas por Carrizo.
Al evaluar atenuantes, el tribunal mencionó la corta edad del imputado, su arrepentimiento y la carencia de antecedentes. Como agravantes citó la pluralidad de intervinientes, la nocturnidad y la extensión del daño causado.

Fuente: LNP

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