jueves, 15 noviembre, 2018 | 0:09
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Adiós al 2013: Un gobierno inexistente, un país a la deriva, una década perdida

Los números de 10 años con ingresos fabulosos e irrepetibles en el corto plazo muestran con absoluta transparencia el deficitario balance de un pais sin gobierno, a la deriva y con una presidente desaparecida, rodeada de un grupo de ineptos y corruptos funcionarios que han llevado a la nación al borde de su desintegración. Salir de esta situación será muy complejo.

Crédito: NA

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Van a ser cuarenta años que falleció Juan Domingo Perón y aún hoy, vaya a saber porqué misterio, la mayoría del país se dice peronista y elige casi a ciegas sus candidatos.

Las versiones en vida de Perón ejerciendo el poder en la República fueron tantas que parecen, luego de muerto, la misma suerte seguida de desgracias que corrió la propia Argentina con los que se aferraron a él para llegar a la Rosada.

Es arriesgado para cualquiera que escriba hablar mal del peronismo, o justicialismo en una nación donde la mayoría se cataloga de peronista tal vez para cambiar de color según la ocasión y así posicionarse en la vereda de las prebendas, de los acomodos, de la corrupción, vale decir de lo que más sobra en estas tierras.

Los Kirchner, no fueron la excepción, y se autotitularon peronistas y hasta casi férreos militantes. Llegaron a aplaudir a Carlos Menem y sus ventas de las joyas de abuela; y, luego, a denostarlo con similar vehemencia.

Carlos Menem para protegerse de los embates del matrimonio Kirchner, llegó al colmo de casi hacerse kirchnerista. Lo cual es prueba elocuente de la naturaleza camaleónica del político argentino y del pueblo que los vota.

Con esta pincelada gruesa que describe la pobreza infinita con que se maneja un extenso y rico país en el cual viven tan solo cuarenta millones de personas, no es extraño que después de 10 años de ingresos extrordinarios, de crecimientos a tasas chinas y de una cruel falacia llamada “relato” y “modelo”, la patria de José de San Martín, Manuel Belgrano y Domingo Faustino Sarmiento asista, sin piedad alguna, a la crueldad de elegir en las urnas su renovado fracaso.

La mayor diferencia de esta nueva decepción con otras anteriores es que esta se le da a los peronistas, aunque se tilden de kirchneristas.

Otra de las grandes desemejanzas es que la crisis que debe y deberá sobrellevarse por década no es solo económica.

La Argentina está destruida.

Es tierra arrasada.

Nadie ni nada tiene autoridad.

El individualismo le ganó por goleada a lo colectivo.

Un 25% de la población está sumergida en la peor pobreza.

La educación y la salud pública es calamitosa.

La famosa y extensa clase media sufre un deterioro inimaginable.

No existe moneda, la inflación trepa sin cesar, las reservas son casi inexistentes, el petróleo se ríe debajo de la tierra a espera de inversores que se dignen buscarlo.

La inseguridad ha enrejado hogares y edificos públicos. Las rejas colocadas en hogares son para defenderse de delicuentes comunes; las puestas en edificios estatales son para proteger a la propios delincuentes que habitan en él y manejan los recursos de todos.

La inseguridad que el gobierno no combate, y es una sensación, se cobra una muerte cada 48 horas en el conurbano y en menor parte en la Capital del país.

La inseguridad que produce la corrupción alimenta sin pausa el número de víctimas fatales con tragedias como la de Cromañón, la de la estación Once, las inundaciones en La Plata; o las tradicionales por falta de infraestructura.

El informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (de la Universidad Católica Argentina), complementado por datos de FIEL, pasó al común de la población como un dato más en medio de sus propios problemas; pero profundiza la magnitud del saldo de un gobierno inexistente, de un país a la deriva, de una década perdida:

> Casi la mitad de los trabajadores tiene un empleo precario o hace trabajos de indigencia.

> Más de la mitad de las nuevas generaciones de adultos está excluida del sistema de seguridad social.

> Cerca de 3 millones de personas están mal nutridas.

> El 37% de los jóvenes no termina la secundaria .

> El 20% de los jóvenes no estudia ni trabaja.

> El 12% de los niños de entre 5 y 17 años debe hacer alguna actividad laboral.

> 1 de cada 10 viviendas no tiene agua corriente y 3 de cada 10, carece de cloacas.

> 2 de cada 10 hogares requieren asistencia pública, con un total de 23,5% que necesitan un programa de asistencia social permanente.

> 1 de cada cuatro de estos 500.000 hogares con asistencia pública no accede al valor real de la canasta básica alimentaria.

> La marginalidad estructural no mejoró en la Argentina a pesar del crecimiento al 8% anual.

> El delito, el arrebato y el saqueo están dentro de un contexto de descomposición social, de gente que siente que el sistema no los incluye y que la distancia con los que están mejor es cada vez mayor.

> La pobreza se incrementa por la inflación y no crece el empleo formal, que en 2013 subió por encima del 25%.

> En 2004 el 68,7% de los hogares desprotegidos no tenía conexión a la red cloacal, 8 años más tarde, en 2012 el porcentaje solo disminuyó al 61,3%.

> En 2004 el 68,2% de los hogares de menores recursos no tenía conexión a red de gas, mientras que el 68,5% no la tenía en 2012.

> A nivel país existen 2.700.340 hogares deficitarios, mientras que en 2001 esa cifra era muy poco diferente, 2.640.871.

> Los empleados públicos suman 3.500.000 personas, esa cifra en 2001 alcanzaba a 2.180.000.

> En 2000, existían 6.500.000 empleados precarizados mientras que hoy hay 6.800.000.

Después de 40 años que falleció Juan Perón, tal como se mencionó al principio, con esta realidad numérica del caos en que está sumergido un país, con las diferencias de clases sociales que se han agigantado; muy probablemente, según señalan todas las encuestas, la ex sociedad argentina hará que el próximo presidente siga siendo peronista.

Así las cosas, el sueño de emigrar no es extraño que habite en la imaginación de buena parte de los jóvenes nacidos en esta márgen del Río de la Plata.

por Jorge Héctor Santos

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