lunes, 25 septiembre, 2017 | 23:06
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Los billetes valen menos, ocupan más lugar y nace una ‘logística monetaria’

Los bancos duplican la capacidad de los cajeros. Las empresas de caudales amplían bóvedas. La gente llena mochilas y bolsos para eludir controles y mueve kilos de pesos.

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Con dos kilos de billetes de cien se paga una moto BMW que vale unos $ 200 mil. Llevando entre seis y ocho kilos, en tanto, se puede comprar, a la cotización ilegal ($ 10), alguno de los Audi que cuestan entre US$ 60 y 80 mil, y con 15 kilos de papeles de Roca o Evita se adquiere un departamento de dos ambientes en Recoleta que puede rondar $ 1,5 millón.

No es que la economía se haya, en términos del financista Leonardo Fariña, “lazarobaeizado” y ahora se acostumbre a pesar el dinero. Pero la explosión del circulante durante los últimos años, combinada con la pérdida de poder adquisitivo del peso y la falta de billetes de mayor denominación, expone más que nunca la dimensión física del crecimiento de la base monetaria, como se llama al volumen de moneda que hay en la calle y en los bancos, y da lugar a una verdadera ‘logística’.

En una economía que se mueve en buena medida al contado, este cóctel obliga al público, las entidades financieras y las firmas de caudales a cambiar la forma en que operan con la plata.

Consultadas por PERFIL, seis entidades financieras tanto medianas (con unos 400 mil clientes) como grandes (de más de 1 millón) confirmaron todo tipo de cambios en curso para administrar esta avalancha de billetes. Pidieron anonimato porque no quieren opinar en público de nada que tenga que ver con la gestión del Banco Central, que los controla:

  •  Los cajeros automáticos no dan más. Los están cambiando porque los actuales alojan en cuatro compartimentos unos $ 800 mil, y apuntan a llevarlos al doble. En un principio, se pensó cada espacio para que albergara billetes de $ 10, $ 20, $ 50 y $ 100. Pero hoy, salvo excepciones, todos los casilleros llevan papeles violetas. “Estamos comprando nuevos equipos de autoservicio y nuevos módulos inteligentes de Banelco capaces de aceptar billetes sin sobre”, anticiparon en un banco, en busca de encauzar el mar de billetes.
  •  “Aumentaron un 50% los recursos para tesorería”, contó un ejecutivo del sector. Cada banco busca la forma más adecuada de afrontar el mayor caudal. “En los últimos tiempos se nos triplicó el circulante”, indicaron en un banco de amplio alcance nacional. Allí, de hecho, revelaron la reciente adquisición de una contadora de billetes “única”, que hasta ahora sólo tenían el Banco Nación y el Banco Central.
  • Hay entidades que por una cuestión de escala dejaron de tercerizar el “procesamiento de valores” y pasaron a hacerlo ellos mismos. “Hemos incorporado tecnología en el tesoro central y máquinas contadoras de última generación, y tenemos planes de seguir incorporando”, anticiparon en una entidad global. Otra tendencia, en algunas sucursales con fuerte pago de sueldos y jubilaciones, es la necesidad de tomar turnos adicionales para los momentos con cuello de botella.

Más allá de la discusión sobre cuánto empuja o no la inflación o la actividad económica, lo cierto es que desde octubre de 2007 a la fecha el circulante en poder del público trepó 291%, de $ 59.900 millones a unos $ 234.000 millones. “Sin existir emisiones de billetes más grandes, para comprar una misma canasta de productos se necesitan más billetes”, explica Maximiliano Carrillo Castillo, ex gerente del BCRA, hoy en la consultora ACM.

En el mismo período, la cantidad de billetes impresos aumentó 175%, con fuerte incidencia de los de $ 100, que ya son el 61% de los papeles en la calle. Las transportadoras de caudales viven una fiesta. Brinks, una de las compañías más grandes del ramo, debió abrir, hace un año, una nueva planta de 21 mil metros cuadrados en Villa Soldati para surfear el mar de pesos de sus clientes. “Sólo así podíamos hacer frente a una mayor cantidad de billetes”, explica Néstor Morena, presidente de la compañía que tuvo que ampliar un 21% la capacidad de sus bóvedas, un 42% el área de procesamiento de billetes y comprar 18 máquinas nuevas para contar 1.200 billetes por minuto. Una mala noticia para el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno: son importadas de Alemania y Japón. De esas plantas van y vienen camiones rumbo a bancos, cajeros o supermercados.

Estas empresas no sólo mueven el numerario, sino que también lo procesan. Hoy, el 75% de la capacidad operativa está dedicada a ordenar y armar fajos de mil billetes de $ 100. El sector de monedas se ha vuelto insignificante. Pocos también son los dólares procesados. Un dato: el fajo de US$ 10 mil pesa 100 gramos y equivale al kilo de billetes de $ 100. En muchos puntos donde antes bastaba un servicio para recoger caudales ahora deben ir dos, porque no entra toda la recaudación en un camión, o porque si entra, no puede ser movida por los empleados, que no levantan más de 20 kilos cada uno. “Debimos ampliar la capacidad de procesos de las sucursales”, coincide Carlos Jakim, director de Desarrollo y Estrategia de Prosegur. A pesar de los riesgos de trasladar grandes volúmenes, la gente no quiere estar en el radar del Gobierno y en tiempos de brecha cambiaria hace valer dólares en el mercado paralelo, a sabiendas de que es ilegal, para adquirir bienes símil divisa. Por eso, la Ciudad es tierra de mochileros pero no hippies, sino hombres y mujeres con bolsos que deben mover capital rumbo a concesionarias y escribanías. “Acá la inflación juega un papel neutro”, justifica Héctor Valle, economista cercano a la jefa del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont.

El ex titular del ente monetario, Mario Blejer, afirma en cambio: “Además de por la inflación y la baja denominación de billetes, esto ocurre porque la gente no quiere estar en el sistema, hay desintermediación”, aunque aclara que todavía es una situación diferente de la que vivió una vez en Bolivia, cuando para comprar un sándwich llevó un portafolio de dinero.

Fuente: Perfil

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