Domingo, 20 Agosto, 2017 | 3:03
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La delgada línea roja de Kicillof

El ministro transita entre el default "táctico" y la claudicación ante los buitres, mientras se consolida la recesión.

Crédito: Télam

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Una delgada línea roja empieza a cerrarse sobre el padre de la recesión, tag que la comunidad de economistas empezó a aplicar sobre la impetuosa humanidad de Axel Kicillof.

El ministro inició una nueva ofensiva para instalar la idea de un default “parcial” como salida a la intransigencia del juez neoyorkino Thomas Griesa, antes sus reclamos para que reponga el amparo -“stay”- que permita a la Argentina negociar con los buitres sin riesgo de embargo.

La lectura del mercado, que siempre sobreestima la racionalidad del kirchnerismo, es que se trata de apenas ruido mediático para mejorar la posición negociadora del Gobierno, ante lo que en definitiva ocurrirá: Se le pagará a los buitres.

Es posible que estos “trascendidos” sean parte de una maniobra con ese objetivo, que incluye las exposiciones indignadas del ministro ante distintos foros internacionales. Una puesta en escena para tirarle un centro al relato, mientras se desmontan posiciones “innegociables”, porque hacen a la soberanía y el futuro del país como Nación independiente.

Algo de eso parecen estar olfateando algunos viejos adherentes del modelo, como el ex ministro Aldo Ferrer, quien advirtió que el Gobierno de ninguna manera debe aceptar pagarle a los buitres en mejores condiciones que a los bonistas que entraron al canje. Para subrayar que es preferible el default, antes que semejante claudicación.

Consciente del espinoso andarivel que tiene que transitar, Kicillof se afana por estas horas en instalar un nuevo disparate de su prolífica factoría. Así como en su momento habló de un “ajuste expansivo” para justificar el ajuste puro y duro que aplicó; y luego apeló a la figura del “endeudamiento heterodoxo” para explicar el fin de la épica del desendeudamiento, ahora abona la figura del default “táctico” o “digno” o porqué no, “exitoso”.

Kicillof ha demostrado ser un maestro en el arte de las palabras, un trapecista de las promesas siempre incumplidas y siempre renovadas; un ilusionista del triunfo final que redimirá todos los males sufridos.

Como el Cavallo de la hora final de la Alianza, Kicillof promete recuperaciones milagrosas si aguantamos la penurias del hoy. Proclamado keynesiano, se olvida de aquella famosa frase de su mentor: “El largo plazo nos encontrará a todos muertos”.

Un repaso por algunos indicadores de la economía, que viene gobernando hace mas de dos años –primero como viceministro plenipotenciario-, sólo arroja malas noticias. El déficit se disparó, la deuda externa creció, la inflación aumentó, el PBI cayó, la construcción, la industria y la venta de autos se desplomó. El desempleo volvió a ser tema de agenda, el déficit energético se profundizó y la pobreza se agravó, al punto que ya ni publican sus índices.

Todos estos números son prolijamente ignorados por los periodistas “económicos” que cortejan al ministro, que prefieren centrarse en las delicias de la retórica anti capitalista, antes que sumergirse en el terreno árido de los indicadores. Por supuesto que hay muchas y muy valiosas excepciones. Por suerte todavía hay bolsones de pensamiento crítico, que el ministro fomentaba como docente, que sigue resistiendo sus cantos de sirena.

El problema es que quien no parece dispuesta a contraponer los números fríos de su gestión con lo que declama es su jefa directa. Lejos de cuestionarlo por la apabullante extensión de fracasos, Cristina optó por darle cada vez más poder, acaso atrapada en la lógica voraz del ministro que promete solucionar todos los problema una vez que controle todos los resortes.

Viejos compañeros de estudios y militancia que han logrado acceder a su intimidad salieron espantados. “Axel está en un pico de megalomanía, cree que puede resolver todo, que sabe de todo y que no necesita a nadie”, confiaron a LPO. Si se observa la escasa o nula experiencia de los colaboradores que eligió para áreas de gran complejidad –como Finanzas o Energía-, el diagnóstico se confirma. Es claro que Kicillof no considera que necesite opiniones expertas, ya que el experto total es él mismo.

Mismo desapego que se observa en su talante desafiante y hasta festivo, cuando si hay un hilo conductor en su gestión, es el regreso de la recesión a la Argentina.

“La recesión es el otro”, es posible que celebre su círculo íntimo, que superó las cotas del pleno empleo y ahora ya no sabe en que cantera buscar para ocupar los puestos que acaparan.

Así, zigzagueando entre el default y la claudicación ante los demoníacos buitres, el ministro va trazando una delgada línea roja que sólo la persistente realidad se encarga de borronear.

por Ignacio Fidanza

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