Viernes, 18 Agosto, 2017 | 11:27
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La cronoterapia judicial

(Del poema “Los pitucos”, de Mario Benedetti) ”Perder no es grave, el problema es la cara de b… que te queda”. Vernet, Siglo XX.

El cristinismo quedó ridiculizado por la torpeza de sus sobreactuaciones. En adelante, tendrá que someterse, sin resignación, a los rigores de la Cronoterapia.

Trátase de la cura a través del paso del tiempo.
Aunque van a desgastarse en recursos y apelaciones. En declaraciones, sin atender la sentencia clásica del positivista Vernet.
Pero las diversas instancias, hasta llegar a la Corte, van a tomarse, según nuestras fuentes, el tiempo que consideren necesario.
La cronoterapia asegura, por lo menos, la convalecencia hasta marzo. Resulta aconsejable para disminuir las tensiones. Y atravesar el verano con el rédito de mantener la expectativa.

“Apretaron con tanta grosería que, a esta altura, aunque tengan la razón, es difícil, Rocamora, dársela”.
La Garganta, un sabio del derecho, rescataba los atributos de la cronoterapia. Reflexionaba, en el Club Francés, el día antes de “la extensión de la cautelar, a favor del Grupo Clarín”.
(Acontecimiento que el Portal, con varias horas de anticipación, primereó, a través del twitter. Está documentado).

“Todo buen juez sabe que, cuando un gobierno aprieta tanto, es porque está muy débil”, siguió la Garganta.
“Si está fuerte, Rocamora, no tiene por qué apretar”.

La epopeya innecesaria

La Ley de Medios fue planteada como una epopeya innecesaria.
Obligó a ingresar a Nuestra César, y a la totalidad del cristinismo devaluado, en el territorio turbulento de la patología. De donde no pudo salir más. Ni zafar.
La histeria colectiva derivó en una mala lección, académicamente explícita, sobre la cuestión -siempre sustancial- del Poder.

Por su violenta impericia, El Ejecutivo no consiguió imponer la ley avalada, con una goleada parlamentaria, por el Legislativo.
Pero trabada hábilmente por la estrategia jurídica de la empresa afectada, que comanda el estudio Sáez Valiente.
El Grupo Clarín, ex aliado transformado -por la patología- en el enemigo. Y destinatario exclusivo del peso de la ley.

El Ejecutivo presionó con grosería. Hasta el escándalo.
Para quedar transitoriamente congelado, ante la decepción de su tribuna, por la acción del Poder más hipersensible. El Judicial.
Por la pituitaria elaborada de sus integrantes, el Judicial es el poder más atento a los vaivenes de la legitimidad del Ejecutivo. De su estado físico, político y moral. De sus arrebatos.
Sobre todo cuando se lo quiere llevar puesto. Como una media. Como si los jueces fueran militares. O diplomáticos.

La estrategia de durar

El gran mérito judicial de Clarín, en su estrategia, consistió en durar. Otra manera de la cronoterapia.
En victimizarse mientras pasaban los meses y crecía el desgaste del gobierno, repentinamente el adversario.

El otro mérito consistió en evitar que trascendieran las diferencias internas.
Las posiciones encontradas con respecto a la presentación -o no- de un Plan De Desinversión, que desactivara la virulencia destructora de la ofensiva.
Mientras tanto, desde el gobierno le doblaban al socio fundamental. David Martínez. Trátase del accionista clave de Cablevisión. Un mejicano norteamericanizado. Salpicado, entre otros negocios, con el vendaval escatológico de Ciccone. En una sociedad transitoria cuando, del tema Ciccone, quien se encargaba era El Furia. Con un profesionalismo levemente superior al desvarío en que lo sumió Boudou, El Descuidista.
Como fondo de inversión, Fintech era infinitamente más serio que la berretería de The Old Fund.

De todos modos, los probables errores de conducción de Clarín eran tapados por los horrores superlativos del gobierno.

La astucia de las cautelares logró, cautelosamente, la lícita dilatación de tres años.
Después de semejante pedal, pudieron hacerse los sorprendidos con la fragilidad programada de Nuestra César.
La cronoterapia logró que la Dama llegara, a diciembre de 2012, con mucho menos glóbulos rojos de los necesarios.
Con las consecuencias desastrosas de una sucesión de episodios que instalaron la tendencia más trágica. Hacia la mala praxis.
A medida que el cristinismo se desgastaba, se intensificaban los aprietes. Y Nuestra César -pobre- se debilitaba.
Las desprolijidades del apriete incineraron, como correspondía, al Ministro de Justicia. Un correcto político convertido en talibán inconvincente. En la desventura, Alak dilapidó su capital aún considerable. En dramatismos sin retorno. Con las recusaciones temerarias que le produjeron otra pérdida peor. Del respeto.

Sabbatella y Superman

Uno de los errores menos admisibles de Nuestra César consistió en haber designado, para comandar la inutilidad del AFSCA, a Martín Sabbatella.
Es el exponente del frepasismo tardío que despertó claras desconfianzas entre los mini-gobernadores del conurbano.

“La Tía viene por todo pero viene muy mal. Así la Tía no va a llegar muy lejos, Se va a estrellar”, advirtió otra Garganta.

Debe aceptarse que Sabbatella puso un poco de orden. Cambió los sobrevivientes de Lomas de Zamora, que habían llegado con Mariotto, el antecesor que ahora se difamaba, por elementos copadores de Morón.
Aparte, entre sus innovaciones, contrató un nuevo cocinero. Debía probarle, eso sí, la comida. Porque las fuerzas envenenadoras de Magnetto lo querían asesinar.
Y puso, como Gerente de Fiscalización, a Superman. Un tal Vittorio que por lo menos, alguna vez, había trabajado. Tenía su mérito. Se disfrazaba de Superman en las fiestas infantiles y ahora quería cargarse a Clarín.

También Sabbatella desarmó la estructura delirante que respondía a Saavedra. Antecesor que le hizo la gestión imposible a Aragón. Desde La (Agencia de Colocaciones) Cámpora, en la oficina de Viamonte preparaban 200 heroicos militantes para utilizar, debidamente disfrazados de negro y azul, el día del desembarco. 7-D.
Pero lo único relevante de Sabbatella fue, para ser francos, ir a la televisión. Para colocar el rostro en conferencias que aportaron, apenas, atisbos de confusión.

Pequeños Harvard

“Con el Buby Nazareno jamás se hubiera llegado a un manoseo semejante de la justicia”, confirma otra Garganta.

Los cristinistas fueron despiadados con el doctor Tettamanti. Lo obligaron a borrarse al camarista O Farrell.
Recusaron a canilla libre y en la caravana de errores hasta se metieron con un viajecito del doctor Santiago De las Carreras. Un respetable aplicador de cronoterapia.

Ningún jurista, periodista o escritor, que haya ligado algún viajecito, puede responsabilizarse nunca por la totalidad de los financistas del congreso o seminario invitador.
Por la pendiente, los desaforados cristinistas apretaron hasta con los viáticos internacionales, de los que ningún jurista que se precie se dispone a rifar. Y menos por un gobierno que se autodestruye.

Al llegar a un cierto nivel, mal que mal, los jueces disponen de algún prestigio merecido. Supieron conquistar el derecho de tener su pequeño Harvard.
Significa que a cualquiera de ellos le pueden preguntar, en alguna universidad de marca: “¿Usted votó tal cosa?”.
En definitiva, ningún juez de excelencia puede arriesgarse a quedar como preservativo descartable. De ningún gobierno.

Los efectos de la cronoterapia son múltiples, beneficiosos y de amplio espectro.
Disuelven las tensiones. Reducen el patetismo y la desesperación. Colaboran con la digestión lenta.
Como brillantemente dice el poeta Rubén Reches:
“Deja sudar al tiempo. Deja llover un poco”.

Por Oberdán Rocamora.

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