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Exportaciones k: la peor evolución en 113 años

Muletilla k: en 200 años de historia Argentina nunca estuvo mejor que ahora en tal o cual indicador. En exportaciones el período k fue el peor

En el relato k, dónde todo funciona a la perfección a pesar de que todo se cae a pedazos, hay un muletilla muy característica. Esa muletilla es decir, muy sueltos de cuerpo, que en sus 200 años de historia Argentina nunca estuvo mejor que ahora en tal o cual indicador.

Tan pegada tienen esa muletilla los k, que unos días atrás, Kicillof, para no ser menos que su líder, no tuvo mejor idea que afirmar que en los 200 años de historia de Argentina nunca se habían producido tantos autos como ahora, patinada que, obviamente, generó todo tipo de chistes al respecto. Afirmar semejante barbaridad, muestra que sus discursos están vacíos de contenido y se limitan a lanzar frases hechas sin importarles cuándo las dicen ni en qué contexto. Ellos van, abren sus bocas y largan la frase cohete correspondiente para tratar de impresionar a su propia tropa, porque a esta altura del partido dudo que puedan convencer a alguien que no sea un incondicional k. Es decir, alguien con dos dedos de frente. A ese, más bien, se le ríen en la cara.

Pero dejando de lado la parte anecdótica de los 200 años de historia argentina y la producción de autos de Kicillof, también se suele afirmar que las exportaciones han batido récord en 200 años de historia.

Sin duda que las exportaciones crecieron durante los últimos 12 años gracias al aumento de la producción de granos, más específicamente el yuyito, y de la suba de sus precios. Sin embargo, hace rato que Argentina viene teniendo una muy mala performance en materia de exportaciones. Mala performance que ni siquiera lograron revertir con los extraordinarios precios de la soja que imperaron en la era k y, a decir verdad, todavía sigue imperando buenos precios a pesar de la baja de los últimos tiempos.

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El gráfico 1 muestra la evolución de las exportaciones argentinas como porcentaje del total de las exportaciones mundiales durante los últimos 113 años. El gráfico es lo suficientemente elocuente y podemos ver que durante todo el período k las exportaciones argentinas siempre se mantuvieron en el 0,4% del total de las exportaciones mundiales.

Curiosamente, en 1980 y 1990 las exportaciones argentinas también representaron el 0,4% del total mundial. Es decir, ni aún con la nueva tecnología de la siembra directa y del fenomenal aumento del precio de la soja, el kirchnerismo logró mejorar la marca de períodos que detesta tanto como los 80 y los 90.

Ahora, si uno observa la curva, puede ver que las exportaciones argentinas representaban el 1,5% de las exportaciones del mundo en 1900 y luego la curva muestra una clara tendencia ascendente hasta llegar al 3,1% en 1928, es decir, un año antes de la gran crisis de 1929. Pero lo cierto es que durante casi 50 años las exportaciones argentinas representaran entre el 2,0% y el 2,5% de las exportaciones mundiales.

Si Argentina hubiese mantenido esa participación en el comercio mundial como lo hizo, por ejemplo, Australia, que se mantuvo entre el 1,5% y el 2% a lo largo de los 113 años considerados, hoy Argentina tendría que estar exportando unos U$S 375.000 millones anuales en vez de los U$S 81.600 millones de 2013, que encima son falsos porque el INDEC terminó reconociéndole a la CEPAL U$S 5.000 millones menos de lo que informa internamente.

Puesto de otra manera, no solo ha sido realmente muy pobre la evolución de las exportaciones argentinas durante la famosa década ganada, a pesar de los formidables precios para la soja, sino que, lo que es más grave, cabe preguntarse cuántos puestos de trabajo no se crearon por exportar casi U$S 300.000 millones menos de lo que podríamos estar exportando.

Antes de continuar con el análisis muestro el gráfico 2 en el cual se puede ver la participación de las exportaciones australianas en el comercio mundial durante el mismo período que analizo para el caso argentino.

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El gráfico es lo suficientemente elocuente muestra una participación relativamente constante de Australia en el total de las exportaciones del mundo. Aproximadamente entre el 1,5% y el 2%. Lo curioso es que Australia partió, a principios del siglo XX, con la misma participación de Argentina pero ella se mantuvo en el mismo rango durante más de 100 años y nosotros tuvimos un momento de gran declive básicamente a partir de la segunda presidencia de Perón para entrar en una caída continua que nunca se revirtió. Hace más de 30 años que estamos estancados en el 0,4% del total de las exportaciones del mundo.

Las razones son múltiples. Una es que en esos 30 años hubo varios períodos, como el actual, en que su hizo caer el tipo de cambio real para tratar de esconder durante un tiempo serios problemas inflacionarios.
Además tenemos profundos problemas de competitividad derivados de una pésima legislación laboral, pesada carga tributaria, regulaciones, etc. que entorpecen la productividad de la economía y hace que los productos argentinos no sean competitivos a nivel internacional.

Finalmente quedó demostrado que la sustitución de importaciones ha sido letal para el desarrollo de la economía argentina, la capacidad de exportar y, por consiguiente, la posibilidad atraer muchas más inversiones y generar más puestos de trabajo y mejor remunerados. La sustitución de importaciones solo trae escasas inversiones para abastecer un reducido mercado interno. No busca grandes inversiones que apunten a competir en el mundo.
El tan ponderado modelo de sustitución de importaciones del que se vanagloria el kirchnerismo se ha traducido en un brutal estancamiento de las exportaciones, las que, por cierto, en el último año vienen cayendo en forma bastante pronunciada.

Los números son más elocuentes que los discursos del relato. Muestran que bajo este gobierno las exportaciones han tenido la peor performance en los últimos 113 años. Hoy estamos en el piso de la serie histórica de participación en las exportaciones mundiales.

Por eso, en economía siempre es importante tener presente lo que se ve y lo que no se ve. ¿Qué se ve con este modelo? Legiones de gente que viven de planes sociales, no trabajan y, en muchos casos cobran, entre los diferentes planes sociales, hasta mucha más plata que el cajero del banco que tiene la responsabilidad de manejar la caja diaria. Lo que no se ve es todos los puestos de trabajo que no pudieron crearse por encerrarnos al mundo y exportar U$S 300.000 millones menos de los que podríamos estar exportando, aclarando que en términos absolutos a principios de siglo Australia exportaba lo mismo que nosotros y en 2013 exportó U$S 252.000 millones contra los U$S 81.600 truchos nuestros.

Por eso, cuando me preguntan qué hacemos con la gente que vive de planes sociales, mi respuesta es: hagamos las reformas estructurales para ser competitivos, busquemos la integración con el mundo y lograremos atraer inversiones para exportar U$S 300.000 millones más creando los puestos de trabajo para los que hoy viven del trabajo de ajeno.

Una vez más el problema no es económico, sino esencialmente institucional. O vivimos con clientelismo político que ya no se puede financiar o la gente vive de la dignidad de su trabajo. Y posibilidades de trabajo hay viendo la capacidad exportadora que tenemos. La cuestión es querer trabajar.

Roberto Cachanosky es el editor responsable de Economía para todos

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