martes, 26 septiembre, 2017 | 13:34
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El retorno de Cristina

por Rosendo Fraga.

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El retorno de la Presidenta a la actividad tiene lugar sin que terminen de despejarse las dudas sobre su salud y con una agenda de gobierno compleja en lo económico y político. Es claro que la salud requería un receso más prolongado, pero las necesidades políticas -el hecho de que el Peronismo comenzara a cuestionar el liderazgo de la Presidente, como se insinuó- no lo permitieron. La conducción la tiene ella y profundizará sus políticas, como lo evidencian tanto su mensaje como los cambios en el gabinete, aunque su salud seguirá siendo una cuestión política en las próximas semanas. El acto realizado el domingo 17 conmemorando el “Día de la Militancia” fue presidido por el Secretario General de la Presidencia, el Vicepresidente y la hija de la Presidenta. En la celebración fue reivindicado Kirchner, pero nunca fue mencionado Perón. En lo económico, la Presidenta deberá definir ahora si se profundizan los controles cambiarios con un eventual desdoblamiento como parece impulsar su nuevo ministro de Economía (Kicillof), que desplazó a quien intentaba un eventual acercamiento al Club de París (Lorenzino). En lo político, la cuestión es el control de la lucha por la sucesión, que en forma abierta o encubierta ya se ha desatado dentro del Peronismo, y la designación del nuevo Jefe de Gabinete (Capitanich) comienza a proyectarlo como un candidato propio del Kirchnerismo. La foto de Massa e Insaurralde evidencia que la conducción política del Kirchnerismo comienza a ser desafiada desde sus propias filas. En lo ideológico la ratificación ha sido clara: el primer agradecimiento fue para Bonafini y, en lo internacional, sólo mencionó a Chávez.

Las denuncias de la Iglesia sobre el narcotráfico han evidenciado que se trata de un problema esencial para Argentina como país y la proyección del Papa en Argentina. Durante la campaña electoral resultó claro que la inseguridad era la primera demanda social, aun por encima de la inflación. Tras una década del Kirchnerismo en el poder, la falta de respuesta frente a este problema fue una de las causas que explica la derrota electoral del 27 de octubre. Pero el documento dado a conocer el pasado viernes 8 de noviembre por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), integrada por todos los obispos, denunció la gravedad del narcotráfico, la complicidad del poder con éste y puso en evidencia que este aspecto de la inseguridad es el que hoy causa mayor daño social y el que tiene mayor incidencia política. Tres días después la Suprema Corte -quizás buscando legitimación social tras el controvertido fallo sobre la ley de medios y siguiendo la línea de la Iglesia Católica-, reclamó al Ejecutivo urgentes medidas contra el avance del narcotráfico. Ello dio nueva significación a denuncias como las realizadas por la justicia federal de las provincias del norte del país acerca de que no hay control de la entrada de droga por la frontera con Bolivia. El hecho de que la dirección del Sedronar -el organismo del Ejecutivo encargado de la lucha contra la droga, que en Argentina es delito federal- esté sin cubrir desde hace casi diez meses, es una evidencia de la falta de acción oficial. Encuestas muestran que 7 de cada 10 chicos dicen que es fácil conseguir droga. Por su parte, el Presidente de la Comisión de Pastoral Social, Monseñor Lozano, precisó la denuncia del Episcopado al decir que “es imposible que bandas de narcos se expandan sin el visto bueno del poder”. Seguramente sin un Papa argentino el impacto generado por el documento del Episcopado hubiera sido menor.

El tratamiento “express” de la unificación de los códigos civil y comercial es una manifestación de que, pese a la derrota, el Kirchnerismo mantiene su capacidad intacta de usar el poder. El tema llevaba meses demorado y su urgencia actual -reclamada por el Presidente de la Corte, que estaba personalmente interesado en la reforma- es una manifestación de su buena relación con el Ejecutivo en este momento. Tres son los ejes más controvertidos de esta iniciativa: la limitación del derecho de propiedad al establecer su función social, al igual que el reconocimiento del interés colectivo; la eliminación de la responsabilidad civil de los funcionarios políticos por sus acciones, lo que contribuye a la impunidad en sus causas por corrupción; y el que cuestiona la Iglesia, por los cambios en matrimonio, divorcio y fertilización asistida. Mientras el Presidente de la Cámara de Diputados (Domínguez) intentó introducir las modificaciones reclamadas por ella, el Secretario General de la Presidencia (Zannini) mantuvo finalmente en la mayoría de los casos la redacción original. El impacto de la denuncia sobre la droga muestra que un Papa argentino potencia la voz de la Iglesia en Argentina en este momento, pero el proyecto final de Código Civil y Comercial -enviado finalmente al Congreso- evidencia que el Kirchnerismo no cede fácilmente ante él. Para que sea ley antes de finalizar el año, se requerirá un decreto de la Presidente que convoque a sesiones extraordinarias del Congreso para después del 10 de diciembre, dado que no hay tiempo de sancionarla, ni aun con el llamado tratamiento “express”. Sería la primera ley sancionada por la Cámara de Diputados en su nueva conformación y ello mostrará si se ha alterado o no el férreo control del oficialismo en ella.

En el Peronismo aparecen tres líneas definidas en pos de la sucesión y en la oposición se evidencia que no será fácil construir una alternativa. Massa avanza definidamente con su proyecto presidencial, visitando Chubut para formalizar una alianza con el ex gobernador Das Neves del Peronismo opositor y viajando a España para mostrar una actitud “presidenciable”; Scioli -que recibe a los obispos por el tema droga y se diferencia con su actitud del gobierno nacional- busca no perder el control del Peronismo bonaerense mediante una alianza con los intendentes del conurbano derrotados el 17 de octubre, mientras que el Kirchnerismo proyecta diversos pre-candidatos (Uribarri, Capitanich y Randazzo) y busca impedir la consolidación de los dos primeros. La Presidenta ha tomado la decisión de postergar la renovación de autoridades del PJ nacional -que debía hacerse en diciembre, al igual que la del partido en el ámbito bonaerense- para que todavía no se haga evidente la lucha por la sucesión. Fuera del Peronismo, la derrota de Cobos en su pretensión de presidir el bloque radical en Diputados, la decisión de Carrió de lanzar un partido propio en la provincia de Buenos Aires y la controversia en torno a Macri por las declaraciones sobre Hitler de su asesor en comunicación (Durán Barba) confirman que no será fácil construir una alternativa unificada no-peronista para 2015.

En conclusión: El retorno de la Presidenta tiene lugar sin que se disipen todavía las dudas sobre su salud y ratificando su línea política, tanto con los cambios en el gabinete como en su mensaje; la denuncia del Episcopado sobe la complicidad del poder con el avance del narcotráfico han transparentado la gravedad del problema, su importancia social y la influencia que hoy tiene el Papa en el país; la urgencia con la cual el oficialismo pretende dar sanción definitiva a la unificación de los códigos civil y comercial muestra que hasta ahora mantiene intacta su capacidad de ejercer el poder y dentro del Peronismo se evidencian tres líneas en pos de la sucesión (Massa, Scioli y el Kirchnerismo); por último, fuera del peronismo se evidencian las limitaciones para construir una alternativa competitiva al mismo.

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