Miércoles, 23 Agosto, 2017 | 14:36
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Creen que el posible embargo de Griesa es parte de un plan del Gobierno para cerrar con los buitres

En Wall Street creen que los u$s 500 millones que giró Kicillof para pagar a los bonistas serán embargados mañana.

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La sucesión de acontecimientos en el juicio con los holdouts que lidera el excéntrico millonario Paul Singer, está tomando una velocidad de vértigo, con el país al borde del default. Situación que se complejiza cuando se advierte que el Gobierno manda mensajes contradictorios, acaso tratando de conciliar discursos imposibles: La negociación con los buitres y la resistencia al capitalismo global.

Hoy sucedieron dos cosas importantes. La primera fue que el juez de Nueva York, Thomas Griesa, se negó a reponer el amparo (stay) como le había pedido el día anterior el ministro de Economía, Axel Kicillof, desde el edificio de la ONU. La segunda fue el anuncio del Gobierno del giro a Nueva York de más de u$s 500 millones para afrontar el vencimiento del Discount que se dispara el próximo lunes.

Esta decisión fue una contradicción brutal de Kicillof que en su discurso en la ONU advirtió a Griesa que sino reponía el stay, estaba perjudicando a los bonistas que entraron en los canjes –además de enviar al país al default-, porque la Argentina no se iba a arriesgar a girar un pago que podía ser embargado.

¿Porqué cambió el Gobierno, incluso luego que Griesa anunciara formalmente su decisión de no reponer el stay?

Las especulaciones están a la orden del día, pero en Wall Street, las fuentes consultadas por LPO coincidían mayoritariamente en una: El Gobierno sabía que el destino casi inevitable de esos fondos es el embargo por parte de Griesa y los giró precisamente para eso.

Es decir, buscó garantizarle a Singer un pago en efectivo de más de u$s 500 millones, pero disfrazado de medida compulsiva. De esa manera, la Argentina podrá contestar a eventuales bonistas que le invoquen la cláusula RUFO –que obliga a hacer extensiva a todos cualquier mejora a uno de los bonistas-, que no se trató de una decisión voluntaria y en consecuencia no aplica esa cláusula.

¿Pero la Argentina entra en default el lunes entonces? No y esa es otra de las mentiras deliberadas del ministro. El prospecto de emisión de los bonos indica que el país tiene un plazo de gracia de 30 días –hasta el 30 de julio- para completar el pago, antes de entrar en default. Tema subrayado por los defensores de Singer en el escrito que le presentaron a Griesa para pedirle que no repusiera el stay.

Sí es posible que si el lunes los fondos girados están embargados y no se puede cumplir con el pago, las calificadoras internacionales bajen la nota de Argentina y la consideren no en default pero si en mora.

Como sea, según la versión que esta noche prevalecía en Wall Street, la jugada del Gobierno sería la siguiente: Gira los fondos que sabe serán embargados, bloquea así la cláusula RUFO y profundiza la negociación con los holdouts en la intención de llegar a un acuerdo antes del 30 de julio. Incluso, con una negociación más en firme encaminada, acaso podría Griesa aceptar reponer el stay por un plazo limitado, especulaban esta noche.

Si la Argentina, en este escenario, acuerda con los holdouts antes del 30 de julio, en esa fecha podría hacer el pago a los bonistas reestructurados y habría despejado el riesgo de default.

Se trata en definitiva en su trazo grueso de la primer propuesta de negociación que circuló en el mercado, anticipada por LPO, que consistía en un pago en efectivo y el resto en bonos que eventualmente podrían entregarse después de fin de año, cuando vence la vigencia de la cláusula RUFO.

La otra opción es llegar a un acuerdo antes del domingo. Si hay acuerdo no hay nada que embargar y Argentina podría cumplir el lunes con su compromiso con los bonistas reestructurados.

Lo que está claro es que Griesa compró la teoría de los abogados de Singer que sostiene que Argentina solo negocia bajo presión extrema de embargo y riesgo default.

De hecho, el juez le fue cerrando al país las rutas de salida, como hizo con el banco de Nueva York (BONY) a quien advirtió mediante un fallo que cualquier dinero que le envíe la Argentina, antes de girarlo a los bonistas, debe avisarle al juzgado para que lo autorice.

Por eso, esta noche descartaban en Wall Street que los u$s 500 millones girados por Kicillof sólo tenían destino de embargo y estimaban improbable que el ministro no se hubiera percatado de ese riesgo. Como tampoco creen en el mercado que Cristina y su ministro estén apostando al default del país, sólo para sostener su relato intransigente con los buitres.

Fuente: La Política Online

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